Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
A la vuelta de la esquina,
te encontré, amor pasado,
como sombra que camina,
por un sueño abandonado.
Tus ojos, dulces espejos,
reflejaban mil historias,
de caricias y consejos,
de amargas y dulces glorias.
En tus labios, la dulzura,
del beso que no se dio,
la promesa, la ternura,
de lo que jamás pasó.
Tus manos, frías y ausentes,
recordaban nuestro adiós,
caminos que, diferentes,
separaron nuestros dos.
A la vuelta, en el silencio,
un suspiro, una mirada,
y el eco de aquel momento,
de una vida ya olvidada.
Pero en mi pecho, latente,
queda el rastro de tu aroma,
dulce y triste, permanente,
como el verso que se asoma.
En las noches, tu recuerdo,
como brisa me acaricia,
y en mis sueños, siempre pierdo,
la ilusión de tu caricia.
Tu risa, campana lejana,
resuena en mi soledad,
como una eterna ventana,
a una vieja realidad.
Tus palabras, susurradas,
como un eco en la penumbra,
rememoran las jornadas,
donde el amor se deslumbra.
A la vuelta de la vida,
te encontré, dulce lamento,
como estrella ya perdida,
en el vasto firmamento.
Nuestros pasos, ya distantes,
bailan en la melodía,
de recuerdos vibrantes,
de una antigua sinfonía.
Tu sombra sigue presente,
en los días y en las noches,
como un faro refulgente,
guiando mis derroches.
A la vuelta, siempre espero,
verte en cada amanecer,
con el corazón sincero,
deseando volverte a ver.
Pero el tiempo, cruel aliado,
nos separa sin piedad,
dejando un amor callado,
en la fría eternidad.
A la vuelta, amor perdido,
quedará nuestra canción,
como un sueño compartido,
como eterna sensación.
te encontré, amor pasado,
como sombra que camina,
por un sueño abandonado.
Tus ojos, dulces espejos,
reflejaban mil historias,
de caricias y consejos,
de amargas y dulces glorias.
En tus labios, la dulzura,
del beso que no se dio,
la promesa, la ternura,
de lo que jamás pasó.
Tus manos, frías y ausentes,
recordaban nuestro adiós,
caminos que, diferentes,
separaron nuestros dos.
A la vuelta, en el silencio,
un suspiro, una mirada,
y el eco de aquel momento,
de una vida ya olvidada.
Pero en mi pecho, latente,
queda el rastro de tu aroma,
dulce y triste, permanente,
como el verso que se asoma.
En las noches, tu recuerdo,
como brisa me acaricia,
y en mis sueños, siempre pierdo,
la ilusión de tu caricia.
Tu risa, campana lejana,
resuena en mi soledad,
como una eterna ventana,
a una vieja realidad.
Tus palabras, susurradas,
como un eco en la penumbra,
rememoran las jornadas,
donde el amor se deslumbra.
A la vuelta de la vida,
te encontré, dulce lamento,
como estrella ya perdida,
en el vasto firmamento.
Nuestros pasos, ya distantes,
bailan en la melodía,
de recuerdos vibrantes,
de una antigua sinfonía.
Tu sombra sigue presente,
en los días y en las noches,
como un faro refulgente,
guiando mis derroches.
A la vuelta, siempre espero,
verte en cada amanecer,
con el corazón sincero,
deseando volverte a ver.
Pero el tiempo, cruel aliado,
nos separa sin piedad,
dejando un amor callado,
en la fría eternidad.
A la vuelta, amor perdido,
quedará nuestra canción,
como un sueño compartido,
como eterna sensación.