A las mujeres que me amaron

Ricky84

Poeta recién llegado
El corazón no es como una caja que se llena, crece en tamaño mientras más amas.​

–Theodore Twombly–
A las mujeres que me amaron les agradezco cada mirada, de corredor amplio, de callejón sin salida, de avenida desierta; de verano en pleno invierno, de lluvia a cielo abierto; de tarde, flores y mariposas, y de noche sin abrazos y en vela con la ansiedad paseándose de un lado a otro en el cuarto.

Y les agradezco cada beso, real, imaginario u oculto; cada beso ganado, perdido o hipotecado; cada beso francés, de refilón o de aire; cada beso producto del cariño o de la costumbre o del “a ver qué pasa”, que nunca terminó en nada, o mejor, en lo mismo, en un quizás, uno de tantos… besos de mango, de helado de coco, de café, de sobremesa, de vino y cigarros los viernes, de “me gustas, aunque no mucho”, de “ojalá hubieses llegado antes”, de antesala a una historia que ya no será, de despedidas que madrugaron en mis labios anhelando la postergación de noches imposibles.

Les agradezco cada temblor de piernas y cada deseo de huir o de quedarme; cada tartamudeo y cada palabra con mente y corazón bien puestos; cada sensación de nervios y cada momento de frustración y de decir ya no más; cada cita (perfecta o imperfectamente perfecta), cada cancelación y cada nuevo intento por pasarla de maravilla; cada sueño personal y aquellos que planeamos juntos, que dejamos a medias por diversos motivos; cada confidencia y cada secreto, incluso aquellos que serían utilizados más adelante en su contra, a mi favor o viceversa; cada invitación a seguir y cada portazo en la nariz.

Y les agradezco las promesas cumplidas, también las rotas; las llamadas constantes y aquellas otras que no contestaron; los detalles, en especial los pequeños, una sonrisa, una chocolatina, una caminata por el parque; las canciones y artistas que llevo conmigo a todas partes, que aún hacen de boleros mi andar, luego de 19 días y 500 noches en brazos de la fiebre, buscando la chispa adecuada en una ciudad de pobres corazones.

Les agradezco tanto de todo, un poquito de nada; los ratitos de cordura y los ineludibles mareos existenciales; la abstinencia y los excesos de psicodelia, poesía y escritura; los pasos firmes y los tropezones, incluso las caídas hacia más allá del abismo; la soledad y las complicidades etéreas que mucho bien me han hecho; las ganas de morirme, pero también de querer vivir y seguir viviendo ya sea sin por qué o por una causa digna, ojalá en beneficio de otros.

¡Ay, mujeres, mujeres lindas, compañeras de mi vida, aventureras del amor en todas sus formas y manifestaciones!, a ustedes les agradezco lo que fui, lo que soy y la mejor versión de mí que aún no conozco, pero que sé y siento está por venir.

Gracias, infinitas gracias por amarme tal cual soy, por dejarse amar en la justa medida de cada quien.
 

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