A L'HEURE DE L'OBSERVATOIRE LES AMOUREUX...
Con lasciva indolencia reclinada
entre guedejas de nubes o alhelíes,
espera la amante su noche.
Revestida de rojo, como labios que prometen
el fuego de la pasión,
su escorzo es ya una fuga anticipada.
La amante guardadora de secretos,
bajo el túmulo suntuoso de la bóveda estelar
ofrece y calla.
En las calles, el despertar de las lascivias
busca oscuridades cómplices,
reflejos nunca encontrados en el rojo declinar.
Pasan enmudecidas las oropéndolas doradas
testigos de las primeras lágrimas
de las traiciones de amor.
Sonríen complacidos los labios de la celeste amante
abriendo en su compacta geometría
una línea sinuosa de amargura o veleidad.
C'est l'heure de l'Observatoire,
cuando los amantes perpetran alegres sus traiciones,
cuando la pequeña señora que alimenta las palomas
deja su coqueto adorno y se dedica a vaciar
los cándidos ojos de los pájaros.
C'est l'heure de l'Observatoire,
esa hora liminar entre la muerte y el fuego,
entre la ausencia y la caricia,
la hora de los amantes.
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