viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa

Recuerdo ayer, como si fuera ayer,
una fotografía sin alma,
¿Cuántas almas crees que puedo darte?
Dieciocho años afilados
para deshacer el mundo
y crear uno a medida.
A las cuatro de la madrugada
volver era de cobardes,
y aun le faltaba al coma etílico
un par de cervezas más.
Desterrados los temores
a una apariencia correcta,
todo era una cacería:
acción, hormonas, sudor,
y un miedo tan afilado
como mi edad.
La música era destellos,
parpadeos gloriosos en los oídos,
y el cuerpo se entregaba
a romperse sin compasión.
Había que ser libre,
venía en un guión irremediable,
como los sueños, las desgracias,
las estrellas y las drogas.
Pero a menudo la libertad
lleva en su bolsillo
una soledad insondable,
y el pasado puede ser siempre ayer,
si no llegas al alba.
Los muertos no envejecemos
porque sabemos perder el tiempo.