Évano
Libre, sin dioses.
Pequeñas bondades que nos cambian.
A los carboneros del tren del amor.
Si ahora somos de colores
es por gracia de pequeñas bondades
que van cambiando nuestro mundo.
Quizá algún día seremos
pequeños arcoíris de veranos.
Gracias al carbón arrojado a las vías
por aquel señor descuidado
en la última estación de la Sierra.
Carbón que luego las madres recogían
para el calor de inviernos y cocinas.
Gracias al humo que venía
mientras marchaba el tren
y se hacía pequeño,
y nos dejaba pequeños
en el mundo de la lejanía.
Gracias a aquellos niños de hierro,
de huesos y pieles frías
que jugaban en reinos
de lobos, buitres y hambres.
Y a esa campana de badajos afilados
de un campanario de puño cerrado.
Gracias a los castillos de Al qabar,
o esa Mano de Hierro cristiana
que apretaba cuellos de un pueblo
tan negro como el carbón que arrojaba
aquel señor que encendía
un fuego en aquel invierno,
una luz en aquel infierno.
Gracias a esas letras de apoyo
que son calor y alegría
rompiendo soledades,
como palas que apartan las noches
y nos adentran los días.
Gracias a los mundos de poesía,
carboneros generosos de los trenes
en esta loca carrera de la vida.
Felices fiestas y un montón de abrazos.
A los carboneros del tren del amor.
Si ahora somos de colores
es por gracia de pequeñas bondades
que van cambiando nuestro mundo.
Quizá algún día seremos
pequeños arcoíris de veranos.
Gracias al carbón arrojado a las vías
por aquel señor descuidado
en la última estación de la Sierra.
Carbón que luego las madres recogían
para el calor de inviernos y cocinas.
Gracias al humo que venía
mientras marchaba el tren
y se hacía pequeño,
y nos dejaba pequeños
en el mundo de la lejanía.
Gracias a aquellos niños de hierro,
de huesos y pieles frías
que jugaban en reinos
de lobos, buitres y hambres.
Y a esa campana de badajos afilados
de un campanario de puño cerrado.
Gracias a los castillos de Al qabar,
o esa Mano de Hierro cristiana
que apretaba cuellos de un pueblo
tan negro como el carbón que arrojaba
aquel señor que encendía
un fuego en aquel invierno,
una luz en aquel infierno.
Gracias a esas letras de apoyo
que son calor y alegría
rompiendo soledades,
como palas que apartan las noches
y nos adentran los días.
Gracias a los mundos de poesía,
carboneros generosos de los trenes
en esta loca carrera de la vida.
Felices fiestas y un montón de abrazos.
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