A los muertos,
A todos aquellos que perecieron
Desde el albor del tiempo,
A los cuales no se recuerda
Pues no hicieron nada reseñable,
Sólo que una vez vivieron.
A esos que la enfermedad,
Como un obstáculo,
Se les atravesó,
Y que no supieron vadear,
Cayendo en el pozo eterno.
Aquéllos a los que las guerras
Privaron de lo que se merecían,
De su futuro y de otear
El de sus descendientes cercanos,
Cuyos nombres olvidados,
En tantas, tantas contiendas,
Jalonan nuestra conciencia.
A aquéllos que sin darse cuenta,
La de la guadaña se les echó encima,
Sin darles tiempo a mirarla de reojo.
También a esos, que buscaron
El fin de todo,
Porque era peor
Lo que respiraban a diario,
Y decidieron dar la partida
Por perdida.
A todos y cada una
De esas vidas,
Cuya ausencia rasga
El tamiz del universo,
Que queda deshilachado, roto,
Con cada luz que se extingue
En el mundo a cada minuto.
A todos aquellos que perecieron
Desde el albor del tiempo,
A los cuales no se recuerda
Pues no hicieron nada reseñable,
Sólo que una vez vivieron.
A esos que la enfermedad,
Como un obstáculo,
Se les atravesó,
Y que no supieron vadear,
Cayendo en el pozo eterno.
Aquéllos a los que las guerras
Privaron de lo que se merecían,
De su futuro y de otear
El de sus descendientes cercanos,
Cuyos nombres olvidados,
En tantas, tantas contiendas,
Jalonan nuestra conciencia.
A aquéllos que sin darse cuenta,
La de la guadaña se les echó encima,
Sin darles tiempo a mirarla de reojo.
También a esos, que buscaron
El fin de todo,
Porque era peor
Lo que respiraban a diario,
Y decidieron dar la partida
Por perdida.
A todos y cada una
De esas vidas,
Cuya ausencia rasga
El tamiz del universo,
Que queda deshilachado, roto,
Con cada luz que se extingue
En el mundo a cada minuto.