Syd Carlyle
Poeta recién llegado
De oro y vida reluce Madrid: Mi Madrid querida.
El sol inflama las callejas y las vías, las terrazas
y las plazas, y la brisa porta un canto de alegría.
¡Luz blanca y blanca algarabía! La multitud camina,
altanera, como sin prisa, y a lo lejos, en la esquina,
verde cartel y letras amarillas: López, Gómez y García.
Es de los tres viejos zapateros, una gran zapatería.
Cerquita suyo alimenta el aire una casa de comidas,
una magia que grita; ¡Vino y pan! ¡Amor, pasión y vida!
No hay misterio, ni secretos: Madrid hoy esta viva.
Libres las gentes transitan por las calles de sus días.
Libres los viejos, los chicos, las madres y las niñas.
Libres los olmos, la hiedra, los pájaros y las hierbas.
¡Libre Todo! ¡Madrid Libre! ¡Madrid eternamente Bella!
Un mendigo pide unas pesetas cerquita de la iglesia,
y el desgraciado, sin suerte ¡Las pide hasta con gracia!
¡Muchas gracias Madrid! ¡Muchas gracias mi Estrella!
¡Por hacerme reír y vivir! ¡Por robarme mis penas!
¡Muchas gracias Madrid! ¡Madrid eternamente bella!
El sol inflama las callejas y las vías, las terrazas
y las plazas, y la brisa porta un canto de alegría.
¡Luz blanca y blanca algarabía! La multitud camina,
altanera, como sin prisa, y a lo lejos, en la esquina,
verde cartel y letras amarillas: López, Gómez y García.
Es de los tres viejos zapateros, una gran zapatería.
Cerquita suyo alimenta el aire una casa de comidas,
una magia que grita; ¡Vino y pan! ¡Amor, pasión y vida!
No hay misterio, ni secretos: Madrid hoy esta viva.
Libres las gentes transitan por las calles de sus días.
Libres los viejos, los chicos, las madres y las niñas.
Libres los olmos, la hiedra, los pájaros y las hierbas.
¡Libre Todo! ¡Madrid Libre! ¡Madrid eternamente Bella!
Un mendigo pide unas pesetas cerquita de la iglesia,
y el desgraciado, sin suerte ¡Las pide hasta con gracia!
¡Muchas gracias Madrid! ¡Muchas gracias mi Estrella!
¡Por hacerme reír y vivir! ¡Por robarme mis penas!
¡Muchas gracias Madrid! ¡Madrid eternamente bella!