El humo de la alhucema
rodea mi cuerpo.
.Las semillas gritan en las pequeñas ascuas
como un viejo mantrax.
Su olor penetrante
vaga por el patio
anudando lazos de bienestar.
Me vuelvo a sentar en la pileta del naranjo,
noto el frío de la tarde cortar mi cara,
el calor del fuego en la cocina,
y las palabras suaves que abrazan mi vida.
Tus manos cálidas y ágiles
las recuerdo con murmullo de dulzura,
tu figura siempre negra,
siempre placida
atrapó mi recuerdo.
En las noches amables
descansando en mi cuarto
y dejando que entre la luz
rallada por la persiana,
miro al techo de vigas negras
como raíles
que me traen a la calma
que cuelga de mi alma.
rodea mi cuerpo.
.Las semillas gritan en las pequeñas ascuas
como un viejo mantrax.
Su olor penetrante
vaga por el patio
anudando lazos de bienestar.
Me vuelvo a sentar en la pileta del naranjo,
noto el frío de la tarde cortar mi cara,
el calor del fuego en la cocina,
y las palabras suaves que abrazan mi vida.
Tus manos cálidas y ágiles
las recuerdo con murmullo de dulzura,
tu figura siempre negra,
siempre placida
atrapó mi recuerdo.
En las noches amables
descansando en mi cuarto
y dejando que entre la luz
rallada por la persiana,
miro al techo de vigas negras
como raíles
que me traen a la calma
que cuelga de mi alma.