ecos del silencio
Poeta adicto al portal
Las agujas del reloj, gélido hielo
palpitando pulso a pulso en las tinieblas,
cristalino y cruel hálito de niebla
transformó en fría piedra,
el vivo suelo.
Ay, estas manos vacias;
ay, este fuego, y este frío,
entrégueme la noche, al amor mío
que dulce caminaba y florecía.
Maldigo yo, la hora en largo acecho,
que a mi blanco gorrión ha secuestrado;
de mis venas, de mis ojos y mi pecho,
de mi loco corazón enamorado.
Mi alma gime entera por tu vuelo
ay, este corazón vacio, acuoso
espero tu maullido en este pozo
tus patitas traviesas, terciopelo.
Aún te buscan, estos ojos
entre el tejado y el suelo.
palpitando pulso a pulso en las tinieblas,
cristalino y cruel hálito de niebla
transformó en fría piedra,
el vivo suelo.
Ay, estas manos vacias;
ay, este fuego, y este frío,
entrégueme la noche, al amor mío
que dulce caminaba y florecía.
Maldigo yo, la hora en largo acecho,
que a mi blanco gorrión ha secuestrado;
de mis venas, de mis ojos y mi pecho,
de mi loco corazón enamorado.
Mi alma gime entera por tu vuelo
ay, este corazón vacio, acuoso
espero tu maullido en este pozo
tus patitas traviesas, terciopelo.
Aún te buscan, estos ojos
entre el tejado y el suelo.
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