Guadalupe D. Lopez
Poeta que considera el portal su segunda casa
A mi Guadalupe,
mi otro yo, que me mira.
Esa que viaja conmigo
y me hace que la siga.
Ahora se cansa más pronto,
se ha vuelto una flojita,
a todo le busca pretexto,
hasta se hace enfermita.
La veo sonreír con tristeza
buscando con la mirada,
cómo si estuviera en la espera,
pero, nunca pasa nada.
Le digo que salga de casa
y me ignora al pasar,
me dice que no es mi problema
y me empieza a regañar.
Cuando se mira al espejo
su sonrisa es especial,
dice que le sonríe al cielo,
que alguien la cuida desde allá.
Yo no sé, si es la edad
la que la echo cambiar
o tal vez es la soledad,
que ha quedado en tu lugar.
Pero, ha cambiado bastante,
ya no colecciona ilusiones
no tiene planes futuros,
ya no canta tus canciones.
mi otro yo, que me mira.
Esa que viaja conmigo
y me hace que la siga.
Ahora se cansa más pronto,
se ha vuelto una flojita,
a todo le busca pretexto,
hasta se hace enfermita.
La veo sonreír con tristeza
buscando con la mirada,
cómo si estuviera en la espera,
pero, nunca pasa nada.
Le digo que salga de casa
y me ignora al pasar,
me dice que no es mi problema
y me empieza a regañar.
Cuando se mira al espejo
su sonrisa es especial,
dice que le sonríe al cielo,
que alguien la cuida desde allá.
Yo no sé, si es la edad
la que la echo cambiar
o tal vez es la soledad,
que ha quedado en tu lugar.
Pero, ha cambiado bastante,
ya no colecciona ilusiones
no tiene planes futuros,
ya no canta tus canciones.