jesus perez romero
Poeta recién llegado
A MI MADRE
Cada tarde, entre los naranjos
que regalaban al aire su olor
de azahar y a los gorriones
cobijo para que anidasen tranquilos,
mi madre,
se sentaba en una silla con asiento
de eneas y zurcía con una hebra
de hilo negro, el dobladillo
ligeramente
desgastado de las enaguas,
que le cubría las piernas hasta los tobillos.
De su pelo blanco y limpio, recogido
en un roete
suavemente por siete horquillas
negras,
prendían un puñado de jazmines
abiertos en flor,
como un beso en primavera.
Viuda por dos veces, en sus manos
arrugadas y torpes se notaban las huellas
marcadas
por el paso del tiempo, los años
de escasez
y las cartillas de racionamiento.
De vez en cuando, nos contaba mil
y una historias
de sus tiempos de moza y se le iluminaba
la cara cuando recordaba su primer
beso de amor...