Miguel Font
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tan sólo conseguí en su piel dormida,
colgar un mustio beso peregrino;
su adiós inexorable y repentino
abrió, dentro de mí, profunda herida.
Llegó la infausta hora establecida,
su nombre fue engarzado en el destino,
renuncio a sentimiento tan mezquino,
rehuir la resolana merecida.
Fecundo manantial de amor genuino,
arrullo, fortaleza sin medida,
presagio de horizonte cristalino.
Anhelo, con mi pluma enmudecida,
labrar en invisible pergamino,
un ¡gracias, dulce madre, por la vida!