Pantematico
Amargo el ron y mi antipática simpatía.
Surgió de la conciencia del nombre que le daban
de las caricias atosigadas de hambre y magistratura
y las noches de sus padres encerrados en su docilidad.
Nació mil veces por cada alimento que imploraba
y murió todos los días aprendiendo la desidia
la astucia, la mal-vivencia requerida y la suciedad.
Aprendió de lo angosto de las mentes recurridas
que enseñaban el confort de no pensar nada
para quebrar su lomo trabajando a lo pendejo.
Sí un perro era sótano, él estaba debajo lamiendo pisos,
buscando sabor al cemento y calor al pavimento,
en su casa edificada en cimientos de miseria.
Su vida era pestilencia horrible de flores amarillas
en macizos en las ventanas, que las mujeres de su vida
ponían para dar naturaleza a su diaria guerra.
Desde el canto del gallo, hasta el canto del grillo,
todos los días de todos los años de toda la aventura
que fue su vida,
eran trabajo en la fábrica y la industria
obligado por los deseos de patrones
que pensaban mas en sus propios bolsillos
que el hambre de sus trabajadores.
Tuvo un solo estudio, el estudio de su miseria
estudio del ciclo de sus padres
que con él volvían al mismo punto.
Miró la felicidad que ofrecen las religiones
los aparadores que ofrecían modernidad,
y la esperanza de futuros que nunca llegaron.
Y murió, trabajando y en miseria
jubilarse era un lujo que solo los otros se permiten
solo quería descanso
y que sus hijos fueran mejores.
Solo sus hijos nos dimos cuenta de su vida
y también que fue parte de esa despreciada mayoría
que todos necesitan.
de las caricias atosigadas de hambre y magistratura
y las noches de sus padres encerrados en su docilidad.
Nació mil veces por cada alimento que imploraba
y murió todos los días aprendiendo la desidia
la astucia, la mal-vivencia requerida y la suciedad.
Aprendió de lo angosto de las mentes recurridas
que enseñaban el confort de no pensar nada
para quebrar su lomo trabajando a lo pendejo.
Sí un perro era sótano, él estaba debajo lamiendo pisos,
buscando sabor al cemento y calor al pavimento,
en su casa edificada en cimientos de miseria.
Su vida era pestilencia horrible de flores amarillas
en macizos en las ventanas, que las mujeres de su vida
ponían para dar naturaleza a su diaria guerra.
Desde el canto del gallo, hasta el canto del grillo,
todos los días de todos los años de toda la aventura
que fue su vida,
eran trabajo en la fábrica y la industria
obligado por los deseos de patrones
que pensaban mas en sus propios bolsillos
que el hambre de sus trabajadores.
Tuvo un solo estudio, el estudio de su miseria
estudio del ciclo de sus padres
que con él volvían al mismo punto.
Miró la felicidad que ofrecen las religiones
los aparadores que ofrecían modernidad,
y la esperanza de futuros que nunca llegaron.
Y murió, trabajando y en miseria
jubilarse era un lujo que solo los otros se permiten
solo quería descanso
y que sus hijos fueran mejores.
Solo sus hijos nos dimos cuenta de su vida
y también que fue parte de esa despreciada mayoría
que todos necesitan.
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