legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
A la cálida tertulia
de tu lecho,
la suave brisa le acaricia
el tímpano
y trinan al borde
del invierno,
las fibras en la trompa
de los grillos.
Al sol le coquetea
en ironía
la dulce acuátil sonrisa
de tu río
y en el rítmico oleaje de las mieses,
el viento es peregrino.
Las garzas cual saetas
de papel,
al aire le han puesto brillo
y los sapos desentonan
a granel
desde sus lúgubres gargantas,
roncos himnos.
Ya entre el suelo
y el cielo azul,
de papel y palillos,
vuelan al compás
del viento,
los sueños de los niños.
La noche va cayendo,
y en las calles
como maná del cielo
don divino,
las mujeres deslumbran
con su magia
trastocando en lujuria
los suspiros.
Los tenores noctámbulos
desgarran
con su voz y entre cuerdas,
la noche en hilos
y una vieja rocola
desenfrena
despechos de borrachos,
en delirios.
A los fieles, campanas
les taladran
a más de la conciencia
los oídos
y un cura suspicaz
deja vacíos
de culpas y dinero,
alma y bolsillos.
Así transcurre el tiempo,
inexorable
sobre el cálido vergel
del pueblo mío
y yo, lejos de ti;
cuánto te extraño
y aunque parezco lleno,
estoy vacío.
de tu lecho,
la suave brisa le acaricia
el tímpano
y trinan al borde
del invierno,
las fibras en la trompa
de los grillos.
Al sol le coquetea
en ironía
la dulce acuátil sonrisa
de tu río
y en el rítmico oleaje de las mieses,
el viento es peregrino.
Las garzas cual saetas
de papel,
al aire le han puesto brillo
y los sapos desentonan
a granel
desde sus lúgubres gargantas,
roncos himnos.
Ya entre el suelo
y el cielo azul,
de papel y palillos,
vuelan al compás
del viento,
los sueños de los niños.
La noche va cayendo,
y en las calles
como maná del cielo
don divino,
las mujeres deslumbran
con su magia
trastocando en lujuria
los suspiros.
Los tenores noctámbulos
desgarran
con su voz y entre cuerdas,
la noche en hilos
y una vieja rocola
desenfrena
despechos de borrachos,
en delirios.
A los fieles, campanas
les taladran
a más de la conciencia
los oídos
y un cura suspicaz
deja vacíos
de culpas y dinero,
alma y bolsillos.
Así transcurre el tiempo,
inexorable
sobre el cálido vergel
del pueblo mío
y yo, lejos de ti;
cuánto te extraño
y aunque parezco lleno,
estoy vacío.
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