A Pedro Olvera
Mi buen amigo Pedro…
Las maderas están desaparecidas
y con ellas nuestras vidas;
se ha muerto el árbol, mi viejo cedro.
Si somos promesas
o una bocanada de gerundios…
si somos las manzanas de las mesas;
esclavos de hacendados y sus latifundios…
Ando haciendo con la mente
pero nunca escribiendo o escarbando,
en un corazón latiendo al llevar de contrabando
una sangre diluida y displicente.
Ignoramos que la memoria es solo una consecuencia
y no meramente el hecho de las causas.
Olvidamos que los latidos con sus pausas
llevan el ritmo de todo crecer y de toda decadencia.
Al quitar la brida a las letras, se desbocan las condenadas…
ellas saben que son mi dueña, que les pertenezco.
Saben que como demente versador sin ellas desaparezco
y termino pensando que mi país es un cúmulo de barrabasadas.
Autor: Jorge de Córdoba
Mi buen amigo Pedro…
Las maderas están desaparecidas
y con ellas nuestras vidas;
se ha muerto el árbol, mi viejo cedro.
Si somos promesas
o una bocanada de gerundios…
si somos las manzanas de las mesas;
esclavos de hacendados y sus latifundios…
Ando haciendo con la mente
pero nunca escribiendo o escarbando,
en un corazón latiendo al llevar de contrabando
una sangre diluida y displicente.
Ignoramos que la memoria es solo una consecuencia
y no meramente el hecho de las causas.
Olvidamos que los latidos con sus pausas
llevan el ritmo de todo crecer y de toda decadencia.
Al quitar la brida a las letras, se desbocan las condenadas…
ellas saben que son mi dueña, que les pertenezco.
Saben que como demente versador sin ellas desaparezco
y termino pensando que mi país es un cúmulo de barrabasadas.
Autor: Jorge de Córdoba