Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
A pesar de todo, el amor sigue siendo sublime. Entre la rutina y el cansancio, en medio del bullicio y la prisa, encuentra su camino. Es esa flor que brota entre las grietas del pavimento, el susurro dulce que acaricia nuestros días más grises. El amor, a pesar de todo, es la chispa que enciende el alma y hace vibrar el corazón con un fervor inexplicable.
Porque el amor no entiende de límites ni barreras. No se detiene ante el miedo ni la desesperanza. Se cuela por las rendijas del tiempo, se agazapa en las esquinas de nuestros pensamientos, y se despliega con la majestuosidad de un amanecer. Es el abrazo que nos reconforta, la mirada que nos desnuda, la caricia que nos eleva más allá de lo terrenal.
A pesar de las heridas, de los desengaños, de las lágrimas derramadas, el amor se mantiene firme. No se amilana ante el dolor, sino que lo abraza, lo convierte en poesía, lo transforma en esa melodía que resuena en lo más profundo de nuestro ser. Es el faro en la tormenta, la estrella en la noche más oscura, el refugio donde hallamos consuelo.
El amor es el arte de lo imposible, el milagro cotidiano que nos recuerda que, a pesar de todo, estamos vivos. Es la risa compartida, el suspiro al unísono, la complicidad que nos une en un universo paralelo donde solo existimos tú y yo. Es el fuego que arde sin consumirse, la llama eterna que ilumina nuestros pasos y nos guía hacia lo desconocido.
A pesar de todo, el amor es la certeza en la incertidumbre, la verdad en medio de la duda, la esperanza que nos sostiene cuando todo parece perdido. Es el abrazo del alma, el latido que nos sincroniza, el eco de nuestros anhelos más profundos. Porque el amor, a pesar de todo, es sublime, eterno, inquebrantable.
Porque el amor no entiende de límites ni barreras. No se detiene ante el miedo ni la desesperanza. Se cuela por las rendijas del tiempo, se agazapa en las esquinas de nuestros pensamientos, y se despliega con la majestuosidad de un amanecer. Es el abrazo que nos reconforta, la mirada que nos desnuda, la caricia que nos eleva más allá de lo terrenal.
A pesar de las heridas, de los desengaños, de las lágrimas derramadas, el amor se mantiene firme. No se amilana ante el dolor, sino que lo abraza, lo convierte en poesía, lo transforma en esa melodía que resuena en lo más profundo de nuestro ser. Es el faro en la tormenta, la estrella en la noche más oscura, el refugio donde hallamos consuelo.
El amor es el arte de lo imposible, el milagro cotidiano que nos recuerda que, a pesar de todo, estamos vivos. Es la risa compartida, el suspiro al unísono, la complicidad que nos une en un universo paralelo donde solo existimos tú y yo. Es el fuego que arde sin consumirse, la llama eterna que ilumina nuestros pasos y nos guía hacia lo desconocido.
A pesar de todo, el amor es la certeza en la incertidumbre, la verdad en medio de la duda, la esperanza que nos sostiene cuando todo parece perdido. Es el abrazo del alma, el latido que nos sincroniza, el eco de nuestros anhelos más profundos. Porque el amor, a pesar de todo, es sublime, eterno, inquebrantable.