elena morado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lo ha imaginado tantas veces, sabría a gloria un beso suyo, seguro: a fresas, chocolate, a fruta recién exprimida. A la fruta de la pasión, a lima y a limón, pero no amargo, a melocotón, a melón con jamón, a jamón con tomate y aceite de oliva, seguro, a otros tantos sabores que le gustan. A un buen vino.
A pescadito de la ría y a pescaíto frito, a la huerta murciana, a sabor español. Sabría a la mejor compañía, a esas sobremesas con amigos después de degustar un buen plato, hecho con cariño. Sabría a mar y a montaña, a libertad, como si un águila te transportara al lugar más maravilloso, a un remanso de paz, donde no hay odio, rencor, ni ira, ni malas palabras, sólo paz y sólo tú.
¿Y su sonido?, al mejor del mundo, si fuese un instrumento sería un violín, sin dudarlo, al mejor, un Stradivarius, de belleza infinita y cuerdas celestiales, tocado por las mejores manos que pudieron hacerlo, sería la música más bella.
Sería el sonido de la risa de un niño, de su voz la primera vez que dice papá, y mamá. El sonido de la canción que más le gusta del mundo. El sonido de un te quiero, cuando estás deseando escucharlo, en su voz. Dicho de verdad, con sinceridad, no un te quiero de compromiso, quizás algunas veces se dice demasiado pronto, pero si es de verdad, no importa. Y otras personas muy nobles, tardan tiempo en decirlo, pero cuando lo hacen es de verdad, E incluso es posible que nunca lo digan, pero lo demostrarán.
Ese beso sonaría a una caricia dada con cariño, a un abrazo que no quieres que se acabe, donde quedarte a vivir para siempre, en esos brazos, vida regalada.
Sí, es posible que ese beso se ahogue antes de haber nacido, como se ahoga la madera de los barcos hundidos con los que se fabrica ese Stradivarius, según la versión romántica. Igual que se han ahogado tantas ilusiones, sueños incumplidos, promesas rotas, quizás nunca se prometieron, pero ella lo creyó firmemente; ahora más dura es la caída.
Y ha estado casi toda su vida salvando a los demás, mientras ella misma se ahogaba y nadie la salvó, y ahora que está hundida, otra vez, ella solita tendrá que salvarse. Lo sabe de sobras, los milagros no existen, pero para salir a flote necesita reir y soñar, sus eternos aliados, y para eso tiene que seguir imaginándose ese beso.
No puede dejar de imaginarlo: se pregunta: ¿a qué sonaría un beso tuyo al chocar con el mío? Chi lo sa.
Antonia Mauro del Blanco
[video=youtube;loqjcUwSrdg]