Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
¿A QUIÉN CANTO?
A quién canto yo que no haya cantado
si sólo conozco de lo cercano
y los dioses no provocan
ni mi ira ni mi canto.
A quién canto yo si mi voz no alcanza
el tono de las voces que gritan a lo lejos,
a quién canto si no al pobre
que me encuentra o que me encuentro
y dice -mira, otro pobre.
Y a qué canto si patrias no quiero
ni banderas de colores
repletas de desertores;
a quién canto, apátrida de este cuerpo
que cuando logra arrancarse
es porque pena por dentro.
A qué canto yo si en el ruedo
únicamente
simpatizo con el ajusticiado,
con su bravura ante lo adverso,
con la sangre que también fluye por mi costado.
A quién canto yo, pobre infeliz,
que me enseñaron lo justo
y a mucho más no me atrevo;
quizás sea la ignorancia
el mayor de mis consuelos.
A quién canto yo con las ganas que ahora traigo.
Cantaré hoy al cielo,
a la tierra y a ese árbol
que creció en la dura roca,
como los que crecimos rodados,
echando raíz donde nadie,
nadie, pudo lograrlo.
Después si acaso, o a lo sumo otro día,
si permiten,
a otras cosas les canto.
A quién canto yo que no haya cantado
si sólo conozco de lo cercano
y los dioses no provocan
ni mi ira ni mi canto.
A quién canto yo si mi voz no alcanza
el tono de las voces que gritan a lo lejos,
a quién canto si no al pobre
que me encuentra o que me encuentro
y dice -mira, otro pobre.
Y a qué canto si patrias no quiero
ni banderas de colores
repletas de desertores;
a quién canto, apátrida de este cuerpo
que cuando logra arrancarse
es porque pena por dentro.
A qué canto yo si en el ruedo
únicamente
simpatizo con el ajusticiado,
con su bravura ante lo adverso,
con la sangre que también fluye por mi costado.
A quién canto yo, pobre infeliz,
que me enseñaron lo justo
y a mucho más no me atrevo;
quizás sea la ignorancia
el mayor de mis consuelos.
A quién canto yo con las ganas que ahora traigo.
Cantaré hoy al cielo,
a la tierra y a ese árbol
que creció en la dura roca,
como los que crecimos rodados,
echando raíz donde nadie,
nadie, pudo lograrlo.
Después si acaso, o a lo sumo otro día,
si permiten,
a otras cosas les canto.
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