Guadalupe D. Lopez
Poeta que considera el portal su segunda casa
A quién le importa, es lo que digo. Si el mundo critica sin motivo.
Si estoy parada o sentada, buscándote siempre con la mirada.
Bajo un cielo gris y Dios como testigo, un frio que abraza, congelando mis sentidos.
La fuerza del viento que trae consigo, el eco de tu voz, susurrando a mis oidos.
Puedo gritar, nadie me escucha, estoy tan sola en esta lucha.
Veo mis huellas sobre la nieve, el unico rastro que no se mueve.
Un mundo blanco y un delirio, que me hace sonreir al estar contigo.
La frialdad de tu nombre bajo mis dedos, al tocar cada letra, que tanto quiero.
Respiro silencio y un deseo, que me estruja el alma, mientras te veo.
Estás en mi mente y en cada latido, tatuado en mi piel, es como vivo.
Empiezo a pensar que juegas conmigo, que sacudes tus alas, mientras te digo, que
el frio me cala, busco tu abrigo.
Ha llegado la hora, debo admitirlo, el viento sopla mientras decido,
si vuelvo a casa o me voy contigo.
La nieve arrecia lo veo en mi abrigo, parece escarcha en mis oidos.
Mis pies helados piden a gritos, un poco de calor para derretirlo.
Siento en mi rostro algo muy tibio, que va resbalando hacia el vacio.
Busco consuelo mientras me rio, había olvidado que esta tan frío.
Camino al carro mirando el suelo, Dios mío santo,
cuanto te quiero!!
Si estoy parada o sentada, buscándote siempre con la mirada.
Bajo un cielo gris y Dios como testigo, un frio que abraza, congelando mis sentidos.
La fuerza del viento que trae consigo, el eco de tu voz, susurrando a mis oidos.
Puedo gritar, nadie me escucha, estoy tan sola en esta lucha.
Veo mis huellas sobre la nieve, el unico rastro que no se mueve.
Un mundo blanco y un delirio, que me hace sonreir al estar contigo.
La frialdad de tu nombre bajo mis dedos, al tocar cada letra, que tanto quiero.
Respiro silencio y un deseo, que me estruja el alma, mientras te veo.
Estás en mi mente y en cada latido, tatuado en mi piel, es como vivo.
Empiezo a pensar que juegas conmigo, que sacudes tus alas, mientras te digo, que
el frio me cala, busco tu abrigo.
Ha llegado la hora, debo admitirlo, el viento sopla mientras decido,
si vuelvo a casa o me voy contigo.
La nieve arrecia lo veo en mi abrigo, parece escarcha en mis oidos.
Mis pies helados piden a gritos, un poco de calor para derretirlo.
Siento en mi rostro algo muy tibio, que va resbalando hacia el vacio.
Busco consuelo mientras me rio, había olvidado que esta tan frío.
Camino al carro mirando el suelo, Dios mío santo,
cuanto te quiero!!
Última edición: