Ingrid Martinez
Poeta asiduo al portal
Me he decidido a confesar esto que siento, esto que me sofoca, que me asfixia, he tomado la decisión de gritarlo, confesaré al sol, que ilumina todos mis días, a la luna que adorna todas las noches, a la brisa, que con su calidez roza mi piel, acaricia mi pelo, y confesarlo a mi misma que aunque lo siento, trato de ignorarlo y dejarlo pasar desapercibido, y a quien se sienta atraído por el titulo de este escrito
Cada día que lo veo, me dedico a estudiarlo, ya conozco muchos de sus gestos, cada mirada, que se disfraza de misterio y a la vez deja cierto encanto que delata; cada sonrisa, tan naturales y sinceras, tan resplandecientes y tan bellas; cada movimiento de sus labios, cuando habla, son tan articuladas sus palabras, que a distancia puedo leer sus labios y saber lo que dice; me sé de memoria, cada centímetro de lo poco que conozco de el, cada roce de su piel me estremece, me acelera el corazón
Cada ocasión en la que puedo sostener una conversación con el, pocas pero importantes, me parece escuchar al maestro dictando ley, pero son tan especiales esas conversaciones, por que como dicen por ahí más importa la calidad que la cantidad, y soy mas sincera al decir que son de mucha, pero mucha calidad
Pero cuando no lo veo, cuando pasan esos días sin saber de el, lo imagino, lo pienso, lo dibujo en cada paisaje que veo, en cada pensamiento, en cada sueño; lo recorto de los recuerdos, como si fueran fotografías, luego lo coloco en cada escena que imagino, que vivo en mi loca fantasía, que no se hará realidad..
Pero él no nota que al mirarlo me brillan los ojos, como cocuyos en la oscuridad, mis labios sonríen, mi boca ansía tanto tan solo de uno sus besos..
No nota como se estremece mi piel, vibra mi cuerpo, se agita mi corazón y se desvanece lentamente mi respiración, cuando me toca, cuando me roza tan solo un centímetro de la piel
No se ha percatado de que las palabras se me pierden, los pensamientos parecen escaparse por mis poros, por los gestos, por los ojos .
Y me he dado cuenta que ha terminado la confesión, y su nombre simplemente, no lo he dicho, no lo he pronunciado, no lo he pensado
Cada día que lo veo, me dedico a estudiarlo, ya conozco muchos de sus gestos, cada mirada, que se disfraza de misterio y a la vez deja cierto encanto que delata; cada sonrisa, tan naturales y sinceras, tan resplandecientes y tan bellas; cada movimiento de sus labios, cuando habla, son tan articuladas sus palabras, que a distancia puedo leer sus labios y saber lo que dice; me sé de memoria, cada centímetro de lo poco que conozco de el, cada roce de su piel me estremece, me acelera el corazón
Cada ocasión en la que puedo sostener una conversación con el, pocas pero importantes, me parece escuchar al maestro dictando ley, pero son tan especiales esas conversaciones, por que como dicen por ahí más importa la calidad que la cantidad, y soy mas sincera al decir que son de mucha, pero mucha calidad
Pero cuando no lo veo, cuando pasan esos días sin saber de el, lo imagino, lo pienso, lo dibujo en cada paisaje que veo, en cada pensamiento, en cada sueño; lo recorto de los recuerdos, como si fueran fotografías, luego lo coloco en cada escena que imagino, que vivo en mi loca fantasía, que no se hará realidad..
Pero él no nota que al mirarlo me brillan los ojos, como cocuyos en la oscuridad, mis labios sonríen, mi boca ansía tanto tan solo de uno sus besos..
No nota como se estremece mi piel, vibra mi cuerpo, se agita mi corazón y se desvanece lentamente mi respiración, cuando me toca, cuando me roza tan solo un centímetro de la piel
No se ha percatado de que las palabras se me pierden, los pensamientos parecen escaparse por mis poros, por los gestos, por los ojos .
Y me he dado cuenta que ha terminado la confesión, y su nombre simplemente, no lo he dicho, no lo he pronunciado, no lo he pensado