Zulma Martínez
Mar azul...
Nos separó el viento.
Desbocado, acaparó las nubes y las mutó
en repentina lluvia acuciante y fría.
Un callejón oscuro, ante mí, se abría
como puerta inaugural hacia la nada;
pero no me importaba.
Desvié de ti la mirada: ¿le temía
al viento, al destino, a la lluvia...?
No escuché tus palabras,
arrullos de torcaza desvalida.
No reparé en la invitación al abrazo
de tus manos extendidas.
En presuroso batir de alas, mis pasos
me alejaron de tu estrella y, ya a salvo,
decidí despojarme del recuerdo
de tus pupilas sin luz.
(Mas, en este momento, el silencio
reposa en mi almohada
y un inexplicable vacío vela su sueño.)
Desbocado, acaparó las nubes y las mutó
en repentina lluvia acuciante y fría.
Un callejón oscuro, ante mí, se abría
como puerta inaugural hacia la nada;
pero no me importaba.
Desvié de ti la mirada: ¿le temía
al viento, al destino, a la lluvia...?
No escuché tus palabras,
arrullos de torcaza desvalida.
No reparé en la invitación al abrazo
de tus manos extendidas.
En presuroso batir de alas, mis pasos
me alejaron de tu estrella y, ya a salvo,
decidí despojarme del recuerdo
de tus pupilas sin luz.
(Mas, en este momento, el silencio
reposa en mi almohada
y un inexplicable vacío vela su sueño.)