Évano
Libre, sin dioses.
Extraño el terciopelo de la ceniza,
la que embriaga el luto de un balcón
de lluvia que cae sobre calles y aceras
del pasear de la poesía de la mujer.
Versos y tiempos que aclaran los ojos de la ciudad
y al yo blanco que se degusta, y a la ansiedad
de la desapercibida estrella del perdón.
A ti, pintora y poetisa de la pasión perfecta,
y de la confesión de te quieros
que escrutan la vida desde un balcón
donde llueven cenizas de amor.
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