Si crees que mi espalda camina ya cansada,
una cosa te puedo prometer con certeza,
que no ha de ser palabra dicha con ligereza
sino muestra de vida arduamente trabajada.
Dueña te propusiste del alma enamorada,
viviste maltratando mi modesta nobleza
con sutil y no menos envidiable destreza
juzgando lo que no podía ver tu mirada.
A ti, que prejuzgaste para ocultar tu vida,
a ti, que fuiste templo de mi amor ciego y puro...
que no podrá tu falsa dicha hacerme condena
cuando un hilo no puede evitar una caída.
Créeme si te digo, que no sería duro
si yo te viera, sólo diría...me das pena.
Luis