La Sexorcisto
Lluna V. L.
El día se paraliza
los perros dejan de aullar,
el viento de Poniente llega furioso
buscando un espacio para llevarse
todo el ruido de las callejas,
quizás el que busca el caos
llega desnudo hasta estos límites,
la somnolencia se evapora
en gotas de bruma
a través de los ojos del terror,
porque todo aquello que se conoce
pasa bajo el telón de lo desconocido
para alejarse de la mente;
de las ideas que se empeñan en pasar al olvido,
tan brillantes como efímeras,
y en el último bar de los confines
sobre los acantilados mohosos,
esta dada la reunión
de los que quieren hacer verso,
luchando entre el caos y el orden
cada cual intenta ver la superestructura;
algunos se emborrachan mirando
la tormenta que viene del Oeste,
relámpagos con resplandor azulado
que descubren y marcan rostros.
los perros dejan de aullar,
el viento de Poniente llega furioso
buscando un espacio para llevarse
todo el ruido de las callejas,
quizás el que busca el caos
llega desnudo hasta estos límites,
la somnolencia se evapora
en gotas de bruma
a través de los ojos del terror,
porque todo aquello que se conoce
pasa bajo el telón de lo desconocido
para alejarse de la mente;
de las ideas que se empeñan en pasar al olvido,
tan brillantes como efímeras,
y en el último bar de los confines
sobre los acantilados mohosos,
esta dada la reunión
de los que quieren hacer verso,
luchando entre el caos y el orden
cada cual intenta ver la superestructura;
algunos se emborrachan mirando
la tormenta que viene del Oeste,
relámpagos con resplandor azulado
que descubren y marcan rostros.