ONICE
Poeta fiel al portal
Yo sé que estás ahí. Observando.
He sentido tu presencia, sueño.
Te llevaron al inframundo
sin tu quererlo. Sin anhelarlo.
Escondida, voraz, la carroña salió.
¡Maldito hijo de la miseria! Cobarde,
acaparador de vida, de aliento.
Taló tu garganta. El último suspiro.
¡Hasta Satán, se hubiera apiadado de tí!
No como ese despojo que trájo la vida,
ese animal, esa gran bestia sin ánima.
¡Incluso satanás, llegó a tener alma!
Maldito hijo de las cloacas,
ruín, asesino de sueños...
Te veré en oscuras tinieblas,
odioso excremento de la naturaleza.
Le rasgaste la vida, rapiña infernal.
A sangre fría, sucio engendro,
despiadado, cruel, inhumano.
Fuiste su tormento. Mi tormento.
Y ella, mi rosa, mi dulce pena.
No tuviste una pizca de clemencia.
¡Infame tirano! ¡Alimaña del mundo!
¡Ella era dulce! Sutíl inocencia.
¡¿No hubo compasión por su mirada?!
¡¿No existió una lucidez en tus manos?!
Sus ojos te hablaban entre sollozos,
gemían entre tus sucias garras:
Gemía... lloraba... sufría... ¡Maldito!
Cuántas veces te he maldecido.
Cuántas veces mi congoja, me ha hundido.
Cuántas veces, he cruzado a ese infierno.
Oscuro mundo sin retorno.
¡Ella no debía morir así!
Quería hacerlo, con una dulce sonrisa....
Mi rosa, mi lirio, mi esencia
se fué. Te la llevaste en la fría mañana.
Bastardo ser. Le arrancaste los ojos.
¡Mi mundo era su mirada!
Gozaste con su desgracia.
¡HIJO DE PUTA! ¡Subyugaste su alma!
La justicia aún hoy, no se ha vengado.
Pasa el tiempo, siguiendo tú, tu camino.
Y ella... vagando entre los vivos,
entre los muertos, sigue esperando.
¡Algún día, tú, mal nacido, pagarás!
La justicia divina, saldará.
Te arrancará a tí, tus sucios ojos.
Ojos miserables, que en el infierno arderán.
Eres mi tormento. El que me quita el sueño.
Beberás de la misma agonía.
¡Maldito espectro de la humanidad!
ONICE
en memoria de concepción g.