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A un caracol vacío y en la arena

Salvador Pliego

Poeta veterano en el portal
A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantez que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, en qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y tibio, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aquel sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego

[MUSICA]http://galeon.com/salvadorpliego/Topkella.wma[/MUSICA]
 
Última edición:
Aplausos de pie! Que imágenes que dejas impresionantes. Excelente poema, un gusto haber pasado señor. Saludos.
 
¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:


El sonido de las caracoles...es como los presagios
que se gritan al mar para hacerse melodías en sus rondas de olas

Me llevaste allí otra vez ...
-desde aqui puedo escucharlo-

versos que engalanan el alma Salvador
Besotes
 
A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantes que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, a qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y vivo, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aque[SIZE="3"]l sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.
Entonces era un niño.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego


[/SIZE]hermosos versos llenos de brisa marina,de salitre y espuma,BAÑADOS DE RECUERDOS.
HA SIDO HERMOSO PASAR A TUS LETRAS,gracias por llenar nuestros dias con tus poemas y tu presencia
SALUDOS POETA
 
aaaaaaa NO , yo definitivamente me retiro de esto , como te etreves a escribir estos versos para empequeñecer los mios ?:::sonreir1::: y yo que me creia poetisa, que verguenza jeje. :::hug::::::hug::: Señor de lapluma de oro.


QUOTE=savasppcc;1644440]A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantes que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, a qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y vivo, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aquel sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.
Entonces era un niño.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego[/QUOTE]
 
A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantes que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, a qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y vivo, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aquel sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.
Entonces era un niño.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego

Precioso, bello, magnífico, no tengo calificativos adecuados para expresarte lo bellamente estructurado tema. Savas, eres todo un maestro. Me encantó tu poesía, el tema, la música, todo, mar, arena, caracol, infancia. Mis estrellas, mis abrazos, mis besos más afectuosos.
 
Magia de mar y caracolas, de ecos lamiendo el oído, el susurrar metido en el alma, hermosa pieza poética en este derroche de versos primaverales, pletóricos de metáforas que endandilan los sentidos, sin duda una excelsa poesía como seimpre nos regalas.
Cariños y mi admiración siempre, tu amiga.
Aplaudo de pie como dices tú con esos cinco soles refultes entre tus versos.
 
Los aplausos para ti y tu dulce pluma, gracias Salvador, hoy jugamos como niños gracias a ti. Abrazos,
Silvia
 
A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantes que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, a qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y vivo, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aquel sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.
Entonces era un niño.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego

Magnífica tu pluma, Salvador. Hermoso este viaje desde la sal del mar hasta los dulces recuerdos de la infancia......

Van mis estrellas y aplausos, poeta! Big
 
A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantes que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, a qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y vivo, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aquel sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.
Entonces era un niño.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego



Que más poder decirte que ya no te lo hayan dicho, es maravilloso el don que Dios te regaló, y somos más que bendecidos de poder disfrutar de el, al deleitarnos en cada obra que compones, inspiradas todas en la grandeza de los sentimientos que alberga tu ser. Mil felicitaciones y gracias por dejarnos ser parte de ellas.

Un honor estar aqui dejando mi humilde huellita, miles de estrellas en tu cielo de mágica poesia.

Un fuerte abrazo y beso de tu amiga y fan, Himinglaeva
 
A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantes que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, en qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y vivo, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aquel sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.
Entonces era un niño.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego

Que bellas notas en mi oído...Que bellos versos repletos de sal marina ,que lo cura todo,ven mis ojos...Un saludo cariñoso savasppcc
Ana
 
Salvador, el mar encerrado en ese caracol vacío para el ojo pero lleno de sonidos que traen consigo recuerdos...
Como siempre es maravilloso leerte.

Beshitos y beshotes de agüita de coco muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuak...
 
A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantes que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, en qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y vivo, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aquel sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.
Entonces era un niño.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego

Maestro, como rescatas
el misterio de las cosas eternas,
esa musica ancestral
y poética de las caracolas,
intimidad universal,
sonido del mar y del aire,
y metáfora del susurro,
entrañable del ser amado.

Un abrazo,
Eduardo.
 
A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantes que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, en qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y vivo, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aquel sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.
Entonces era un niño.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego



salvador.
tupoesía, los recuerdos que evocas, me han tocado el alma.
Estrellas y un abrazo.:::gafas1:::
Ana.
 
Sigue la magia del mar, sigue el niño en el hombre, siguen los sueños, los caracoles, y aquellos recuerdos que atesoraste y que te siguen en tu alma marina, amo el mar, creo que allí puedo poner mi mirada, perderme, y enviar mis sueños, así nadie los encuentra, son sólo mios, eso es el mar, es grande, es una caja grande donde guardar lo que vivimos y sentimos, éste escrito está muy lleno de tesoros, de sueños, de sentimientos y de esos pensamientos que se hacen fuerte y reales en la vida que ahora llevas, eres tu, es tu base y me encanta...Neny
 
leerte es cambiar por completo de mundo, es viajar a un no se donde para compenetrarse con cada una de las palabras que utilizas de magnifica manera para hacer los versos que en conjunto se convierten en sublime arte.
 
¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:


El sonido de las caracoles...es como los presagios
que se gritan al mar para hacerse melodías en sus rondas de olas

Me llevaste allí otra vez ...
-desde aqui puedo escucharlo-

versos que engalanan el alma Salvador
Besotes

Graciasssssssssssssss Marian.
 
Tus hermosos versos llegaron y tocaron
mi corazón,bellisimo me encanto,mil besitos tqm cuidate.con cariño, Anamar.
 
A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantes que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, en qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y vivo, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aquel sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.
Entonces era un niño.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego

Un gran placer pasar a leer tu poesía.
U n abrazo.
Zulcas.:::hug:::
 
aaaaaaa NO , yo definitivamente me retiro de esto , como te etreves a escribir estos versos para empequeñecer los mios ?:::sonreir1::: y yo que me creia poetisa, que verguenza jeje. :::hug::::::hug::: Señor de lapluma de oro.


QUOTE=savasppcc;1644440]A un caracol vacío y en la arena

Quizá tu hueso hirsuto y prolongado que relamió las estructuras del océano,
o tu centelleante brillantes que a los pescadores cautivaba
eran suficiente para amarte.
Pero no: tu sonido, tu filarmónica marea,
tu oboe pletórico de canto y verso
eran la esencial música del aire engrandecido.

Puerta del mundo y dureza pétrea: tú;
Hendidura infinita que el dedo no alcanzara: tú;
Tarde de nidos pillando en las temperamentales olas: tú.
¿Qué cetáceo, a qué arpón, guardó el chillido
para dárselo en la acústica a un marino?
Allá en el fondo los ojos de agua y del sonido
y los jóvenes abriendo su sexo de sal y espuma en caracolas.

Sí. Yo fui niño de pájaros, de caballitos,
de caracolas abiertas, de burbujas oceánicas,
de arboledas alcanzadas, de carreras con almendros.
Mi corazón se quedó protegido con sonidos
en la resonancia de los sueños.

¡Oh melodía del mar, que bellas notas en mi oído!
¿Cuándo tus cristalinas aguas me alcanzaron?

Pájaro, ¡yo fui niño!:
En tu vastedad, en tu territorio, en tus brazos limpios.
Y mi corazón se quedó en la caracola:
encerrado y vivo, juguetón y alegre,
prendido en las burbujas, atado a sus violines,
amando las paredes que la arena restregaba.

¡Oh melodía del mar, tan dulce e imponente!
No me digas que la edad. No me hables de los años.
Aún corren las mareas en mis manos.
Aún suenan caracolas en mi corazón de sorgo.
Alguna vez fui niño. Alguna vez…
Y mi corazón se quedó prendido en el aire,
en la música del agua.

¡Cuéntame de aquel sonido que mi madre
me cantaba cuando niño!
Háblame en secreto de tu historia.
Entonces era un niño.

Alguna vez mi corazón jugaba.

Alguna vez…


Salvador Pliego
[/QUOTE]

Mucho muy bonito tu comentario. Un fuerte abrazo.
 

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