Andrik Navarrete Arias
Poeta recién llegado
A un cenzontle.
Cuando siento frío, pienso,
pues el invierno es mortaja
para creernos morir,
hacernos bien descansar,
como el canal de toxinas,
como el agua malograda.
Me gusta—solamente esto:
propio espacio sin maldad.
Pues antes de proseguir,
gozo escuchar cómo canta
cierto cenzontle de voces
abstrayéndome del alma.
Ave de sueño y suspiro,
fuerza de la madrugada,
príncipe de lo invisible,
hacedor de las mañanas;
Eterna savia de voces
dejados eras atrás.
Canto de noche febril
donde deseo saltar.
Sentir qué transformación
da hacia animales y plantas;
También sujetar su voz,
escribir cómo cantaba.
El finito: que me es todo,
se llena de eterno afán
por llegar a primavera
tras reflexión invernal.
Cuando siento frío, pienso,
pues el invierno es mortaja
para creernos morir,
hacernos bien descansar,
como el canal de toxinas,
como el agua malograda.
Me gusta—solamente esto:
propio espacio sin maldad.
Pues antes de proseguir,
gozo escuchar cómo canta
cierto cenzontle de voces
abstrayéndome del alma.
Ave de sueño y suspiro,
fuerza de la madrugada,
príncipe de lo invisible,
hacedor de las mañanas;
Eterna savia de voces
dejados eras atrás.
Canto de noche febril
donde deseo saltar.
Sentir qué transformación
da hacia animales y plantas;
También sujetar su voz,
escribir cómo cantaba.
El finito: que me es todo,
se llena de eterno afán
por llegar a primavera
tras reflexión invernal.