abcd
Poeta adicto al portal
Casi sin cabeza,
me sobra un pie cuando te escribo
y me falta un brazo para explicarlo,
a los ojitos los perdí en el frío
y a la voz en el silencio,
en la flor del amor moribundo
que se repetía cada vez que subías al techo y te volvías luna.
Casi con doscientos huesos,
y mechones de un pelo muy gastado,
que caen y caen,
casi con hambre de nexos en el cuerpo
y con mucho celo,
así te mire el cuello,
y así te desprendiste de mi.
Aprendí, y te dije, que una mujer es fiebre,
que el pecho esta hecho para abrazar,
que perdurar suele ser madurar.
Casi un árbol regándose a si mismo,
con dos aviones incrustadas en la memoria,
y gusanos, demasiados gusanos para no tener hojas.
Casi un hombre que respira a la fuerza
y que vive para sanar heridas.
Casi un ovillo de lana gruesa
para el gato que eres tu en mi alma,
el gato que siempre sonríe al ser acariciado
y que juega a tirar la vida con ese,
con nuestro hilo imaginario.
me sobra un pie cuando te escribo
y me falta un brazo para explicarlo,
a los ojitos los perdí en el frío
y a la voz en el silencio,
en la flor del amor moribundo
que se repetía cada vez que subías al techo y te volvías luna.
Casi con doscientos huesos,
y mechones de un pelo muy gastado,
que caen y caen,
casi con hambre de nexos en el cuerpo
y con mucho celo,
así te mire el cuello,
y así te desprendiste de mi.
Aprendí, y te dije, que una mujer es fiebre,
que el pecho esta hecho para abrazar,
que perdurar suele ser madurar.
Casi un árbol regándose a si mismo,
con dos aviones incrustadas en la memoria,
y gusanos, demasiados gusanos para no tener hojas.
Casi un hombre que respira a la fuerza
y que vive para sanar heridas.
Casi un ovillo de lana gruesa
para el gato que eres tu en mi alma,
el gato que siempre sonríe al ser acariciado
y que juega a tirar la vida con ese,
con nuestro hilo imaginario.