Acentos Muertos
Poeta recién llegado
Encontré, en una noche de alcohol, a una hermosa prostituta, recuerdo que tenía un cigarrillo en la mano derecha y en la otra una copa, cruzamos miradas, nada especial, ambos nos acercamos, al ritmo de jazz comenzamos a besarnos... Decidimos salir de allí pasadas las dos de la mañana, fuimos a un pequeño motel donde ella, por más alcohol se quitó el vestido, el sostén... Estábamos ahí; yo, ella, un tormentoso éxtasis de sexo taciturno, así transcurrieron los minutos, nuestras bocas nos hacían, entre besos, un par de mudos que hablaban con su cuerpo, de tanto placer estábamos enfadados; yo, por que ella era una hermosa chica de una sola noche; ella, por que yo era un aburrido escritor, pseudo-seductor que no sabía lo que buscaba pero lo encontró.
Nuestro coraje, al terminar de tener algo de sexo sin sentimientos de por medio, hizo que de nuestras bocas ya no brotaran besos, brotaron palabras secas, frías verdaderas, cinco minutos después, tendidos en la cama, me grito:
-¡Ojalá que te mueras estúpido intento de poeta!-
Respondí:
-¡Bendita seas intento de puta!-
Nos miramos fijamente, chocamos nuestros labios por ultima vez, como cuando chocamos nuestras copas en aquella cantina al hacer contacto antes de un insípido amanecer, nos despedimos, y... cada quien siguió su monótono camino. No he vuelto a verla, ni nada por el estilo, a veces pienso: ¿qué sería de mi si esto no hubiese ocurrido? No se... A esa prostituta hermosa, donde quiera que este, le mando un tierno beso desde la parte más desolada de este jardín seco que es mi corazón.
Nuestro coraje, al terminar de tener algo de sexo sin sentimientos de por medio, hizo que de nuestras bocas ya no brotaran besos, brotaron palabras secas, frías verdaderas, cinco minutos después, tendidos en la cama, me grito:
-¡Ojalá que te mueras estúpido intento de poeta!-
Respondí:
-¡Bendita seas intento de puta!-
Nos miramos fijamente, chocamos nuestros labios por ultima vez, como cuando chocamos nuestras copas en aquella cantina al hacer contacto antes de un insípido amanecer, nos despedimos, y... cada quien siguió su monótono camino. No he vuelto a verla, ni nada por el estilo, a veces pienso: ¿qué sería de mi si esto no hubiese ocurrido? No se... A esa prostituta hermosa, donde quiera que este, le mando un tierno beso desde la parte más desolada de este jardín seco que es mi corazón.