Me quedo prendado siempre (y hoy más aún) con las imágenes que dejas junto a tus versos. Engrandecen más aún tu obra. Un poema es más grande si además está servido en un reluciente plato y con el aderezo apropiado. Y tú sabes hacerlo muy bien. Me imagino que este poema está narrado en la boca de una doncella, tal es el grabado, elocuentes palabras y avisos de un fin que teme cerca y que el título, en este caso, se anticipa al final de las líneas, adonde éstas no llegan. No narran el momento luctuoso, el óbito, el finado, el deceso. Tantas palabras de nuestro vocabulario para referirnos a la parca, a esa túnica que mencionas con tan buen criterio. Ella percibe el fin, conoce lo que otros desconocen y su sexto sentido la avisa de que la rueda de la fortuna, exactamente, ha dejado de surtirla a ella con los favores de la vida. Y ésta se acaba. Y lo narras tibiamente. Con tranquilidad. Sin propósito de cambiarlo, ni de ayudarla. Con el tiento pleno de un creador que no desea inmiscuirse en una historia que, por lúgubre o soez, no deja de ser hermosa y digna de ser atrapada, encarcelada y mostrada a través de tus líneas.
Ella... terminará sus días. Porque lo has dicho en el título. Y el regocijo de saborear, aún en tan grave perspectiva, el momento glorioso de la víspera de la más grande pérdida, lo dulcifica, como tu apelativo en este foro. Sabes hacerlo. Tienes maestría para ello. Dulce final esperado y amortojado en espera de las exequias. Hasta tanto, feliz espera, doncella.
Un abrazo, y te dejo rep. , amigo mío.