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A una rubia con el pelo corto y una tristeza muy larga II

abcd

Poeta adicto al portal
Hay verdades que juegan a ser mentiras,
que duelen y no duelen,
que son causa de real enfado y de falsa modestia.
Hay verdades simples y aceptadas
como que sea legal pellizcar a un hermano a cambio de otro golpe
o eso encantador que es burlarse de un amigo cuando se estupidiza
y recibir a cambio también otro golpe.

Hay otras verdades que se mastican y no se dicen
como que todas las mujeres son malas si no están enamoradas
o aquello psicótico que resulta no decirle a un mal artista:
mire buen hombre, no me ha gustado su obra.
Es tan coloquial y austero el argumento
que si me abalanzo frente al espejo el espejo cayó antes sobre mi.


Hay verdades que no le interesan a nadie
y su valor óntico absoluto es casual.
Que las madres prefieren a alguno de sus hijos varones, puede ser cierto,
como que el padre casi siempre consiente a la nena,
también puede ser muy, muy verdadero
que las abuelas cocinan mejor que las novias, madres, tías, etcétera,

o bien, que el supermercado es más barato que el almacén del barrio
pero nadie habla con el cajero, y no te enteras de nada
y compras bien pero te vas vacío en eso de lo aceptación social.

Y es lo mismo, lo cotidianamente cierto es que en el fondo del vaso
todas estas nimiedades dan lo mismo en su respuesta final.


Hay verdades intoxicables y que asustan toda inspiración,
como esa verdad romántica de que uno mas uno no siempre es dos,
o como esto de asumir que las dos estrofas anteriores,
al igual que las tres primeras estrofas del poema de ayer
son inútiles en la idea de atrapar el gato, ratón, hormiga, que es la atención de la musa.
La verdad que sentía debía cualificar o cuantificar
es porque necesito tanto a la rubia de pelo corto y de tristeza muy larga.


Hablaré conmigo mismo aunque no obtendré una respuesta satisfactoria:
-¿La necesitas para respirar?
No, su aliento es soluble en mi agua,
y el aire es como calentito cuando me respira muy de cerca,
pero no, no la necesito para respirar.
-¿La necesitas para no sentirte solo?
No, a veces me siento solo aún a su lado,
pero responder a eso es una mera mariconada emocional
no acumulable en mi necesidad de ella en mi.

-Entonces, ¿la necesitas para ser feliz?
No, el estado que resulta estar feliz es imposible de eternizar,
su capacidad y relevancia recae en su atributo de ser efímero,
un chocolate te hace feliz después de comer,
un gol con los amigos, un buen chiste,
la canción favorita y el amado aleatorio en el momento indicado.
No, no la necesito para sentirme feliz,
pero no niego y creo que es innecesario decir
que si me siento meridionalmente feliz si ella lo es.
-¿La necesitas para escribir?
No, el poder de ella en mis manos es un suicidio lento,
las palabras, los versos se arman sin mi voluntad,
que ella exista o no exista en mis mañanas
no cambiara en nada el apogeo que resulta el nirvana de hermosearla.
-Invertiré el caos, ¿La necesitas para estar triste?
No, su participación en mi tristeza es efecto y no causa,
y no es práctico hablar de ello.
-¿Te incomoda, te molesta necesitarla?
No.
-¿Realmente la necesitas?
Si.
- Pero, ¿La necesitas para dormir, para despertar sonriente,
para proyectar sueños, para interpretar el mundo,
para entender a las mujeres, para aprender a querer?
No. Parece no tener explicación,
es un algoritmo que no puedo diseñar con pensamientos,
un silogismo interno que responde satisfactoriamente
en la medida en que ella es parte de mi vida.
La necesito para hacer del fracaso un traje gris en la cama,
para que el huracán pase por el cajón de las pastillas tomadas,
para que el ascensor suba las medias del corazón,
la necesito para aumentar la probabilidad de sonrisas en las manos,
para que la estadística de erosión por celos alcance un nuevo cenit,
para que las marionetas ciegas miren solo hacia atrás.
La necesito para hacer fuego, agua,
manifestaciones de fe en la literatura,
para que las palabras se valoren en su piel,
para que los cristales de su amor reflecten la belleza de toda tarde en sus reproches.
La necesito en el borde de cualquier vergüenza,
sumisa de calvarios para mi humildad,
la necesito para que sus caderas cambien la órbita de mis ojos
en esos días en que los pétalos son todos de sal,
la necesito dentro de las uñas, como si fuese un poquito de tierra,
y comerme, y besarme los dedos para besarla.
La necesito para combatir contra arcángeles, duendes,
contra los cavernícolas de la vida cínica y sin despedidas,
la necesito para que sea estación, abril, mayo, junio,
la necesito sin necesitar que este conmigo o sin mi,
para que me robe con un "no entiendo" esto tan tonto
que es explicar la relativa verdad de porque necesito
a la rubia de pelo corto y de tristeza muy larga.
 
Última edición:
Uffffff.....
Me costó no sabes cuánto terminar de leer el poema Fede, sabes que usualmente no leo poemas largos, pero esto, esto me ganó, eres grande en tu talento, en tu forma de sentir eres intenso y eso si que es loable.
Me gustó, me atrapó por la forma de necesitarla, no digo más.
Te admiro mucho niño.
Un beso.
 
Pues has explicado divinamente por qué la necesitas.

Me ha gustado mucho.

Un abrazo
 
estimado esto merece aplausos. extraordinario poema, no pude parar, saludos de este chileno patiperro y repu tmb
 
Uffffff.....
Me costó no sabes cuánto terminar de leer el poema Fede, sabes que usualmente no leo poemas largos, pero esto, esto me ganó, eres grande en tu talento, en tu forma de sentir eres intenso y eso si que es loable.
Me gustó, me atrapó por la forma de necesitarla, no digo más.
Te admiro mucho niño.
Un beso.

soy grande porque soy ancho jaja...
ud exagera, y un poco se lo agradesco :)
sabes, esa forma de necesitarla intente que sea lo más real posible
y perdón, a veces empiezo a escribir y no paro, por eso salen larguitos !!
saludos, y gracias!
 

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