El jardín amaneció helado,
los cristales lloraban
y la chimenea,
chisporroteaba alegre.
Igual que en mi interior
hacia frío
y la chispa del fuego
no acertaba a calentar mi cuerpo.
No estaba triste,
pero parecía
que mi alma se había ido de paseo.
Mis ojos, muy abiertos
buscaban algo donde asirse.
La luz entraba por uno de los cristales
a chorro,
fría y brillante.
Hubiera deseado
unirme a ella
e iluminarme.
los cristales lloraban
y la chimenea,
chisporroteaba alegre.
Igual que en mi interior
hacia frío
y la chispa del fuego
no acertaba a calentar mi cuerpo.
No estaba triste,
pero parecía
que mi alma se había ido de paseo.
Mis ojos, muy abiertos
buscaban algo donde asirse.
La luz entraba por uno de los cristales
a chorro,
fría y brillante.
Hubiera deseado
unirme a ella
e iluminarme.