Évano
Libre, sin dioses.
A veces oigo a las playas ebrias
como badajos tañendo campanas
de uvas infinitas retornando
de su mesa navideña.
A veces, las uvas son yedras,
son sangres húmedas y oscuras
llenando, ocupando la tristeza
que emana del adentro.
A veces oigo arrastrarse la tumba
mientras suplica, dolorida, angustiada,
que la ocupen yedras
y playas ebrias,
y mis uvas infinitas.
A veces imagino que soy este pueblo
de piedras acróbatas del aire;
y soy los álamos tan altos como pájaros,
y ese ululo donde el viento es toda
una vida en la boca del anciano.
A veces soy los bronces de luces titilando
en el fondo de la corriente cristalina
de estas aguas de rumores del antaño;
estas aguas que ya secan con ellas
el paso del tiempo y callan
para siempre, cualquier historia
Al final, solo queda el viento
atravesado por miles de millones
de rayos de luces, como un libro
pasando las hojas inocuas de toda historia.
Los rayos caen en cada párrafo oscuro,
tarde, tan tarde como lo imposible
de uno mismo.
como badajos tañendo campanas
de uvas infinitas retornando
de su mesa navideña.
A veces, las uvas son yedras,
son sangres húmedas y oscuras
llenando, ocupando la tristeza
que emana del adentro.
A veces oigo arrastrarse la tumba
mientras suplica, dolorida, angustiada,
que la ocupen yedras
y playas ebrias,
y mis uvas infinitas.
A veces imagino que soy este pueblo
de piedras acróbatas del aire;
y soy los álamos tan altos como pájaros,
y ese ululo donde el viento es toda
una vida en la boca del anciano.
A veces soy los bronces de luces titilando
en el fondo de la corriente cristalina
de estas aguas de rumores del antaño;
estas aguas que ya secan con ellas
el paso del tiempo y callan
para siempre, cualquier historia
Al final, solo queda el viento
atravesado por miles de millones
de rayos de luces, como un libro
pasando las hojas inocuas de toda historia.
Los rayos caen en cada párrafo oscuro,
tarde, tan tarde como lo imposible
de uno mismo.