Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
A veces el alma se cansa
de cargar silencios y llanto,
de gritar con voz que no alcanza
la tristeza que llevo en el manto.
Necesito un abrazo sincero,
un gesto de pura humanidad,
que me diga con tacto certero
que todo estará en su lugar.
Que las tormentas pronto pasan,
que el dolor se disuelve al fin,
como el azúcar en agua se abraza,
como el amor en un cálido albor.
He tenido tanto tiempo triste,
tantas noches de insomnio y calma,
conversando con sombras que viste,
esperando el alba que sana.
Quiero sentir el calor de un pecho,
la certeza de no estar sola,
en este mundo de espejos y trecho,
donde el alma a veces se inmola.
Que alguien me abrace y me diga,
con susurros de amor y fe,
que aún hay esperanza amiga,
que la vida seguirá otra vez.
de cargar silencios y llanto,
de gritar con voz que no alcanza
la tristeza que llevo en el manto.
Necesito un abrazo sincero,
un gesto de pura humanidad,
que me diga con tacto certero
que todo estará en su lugar.
Que las tormentas pronto pasan,
que el dolor se disuelve al fin,
como el azúcar en agua se abraza,
como el amor en un cálido albor.
He tenido tanto tiempo triste,
tantas noches de insomnio y calma,
conversando con sombras que viste,
esperando el alba que sana.
Quiero sentir el calor de un pecho,
la certeza de no estar sola,
en este mundo de espejos y trecho,
donde el alma a veces se inmola.
Que alguien me abrace y me diga,
con susurros de amor y fe,
que aún hay esperanza amiga,
que la vida seguirá otra vez.