Existe, yo lo sé,
un cálido ruiseñor,
latido transparente, lleno, profundo;
arrecife que me aúlla por las venas.
Sé de un todo tuyo,
resplandor palpitante,
que transita por mis grietas
marcándome a destellos,
que deslumbra,
que desgarra,
un algo que penetra a borbotones
filtrándose por la carne,
hundiéndose en el hueso desnudo,
quieto, para dejar huérfano el día
en cada instante nuestro.
Existe, ya lo sé,
un cándido ruiseñor
saltando calles,
retorciendo esquinas,
eclipsando farolas,
para que al anochecer nos sumerja
en un aullido,
vivo, único, transitable;
para así escuchar arriba
el paño suave de nuestros pechos.
© Copyright