Gabriel Lincango Palacios
La lectura engrandece al ser humano.....
¡Hijos del barro de mi América india! Como punta de hoja naciste
de sangre maya y quichua en tu rostro impregnado el valor
del profano del sur, brillo cruel, del gran Inca moriste
cacicazgo, en lo bajo del Pomasqui se escuchó tu clamor
!Fuertes Zambizas!, la llegada del chapetón acecha en los albores
mas no te importa, la opresión del inca derivo en tu traición
y por Benalcazares y Almagros cediste, del Tahuantinsuyo y tus dolores
por flechas más que por balas, y la perfidia hiriente al corazón
Patronato inmaculado, el general del ejército divino te cuida
en el tremor del juicio terrenal donde indios y mestizos rezan
lamentable y vidrioso, el Almirante de las Américas por conocerte da la vida
atónito en su mirada, oro y plata para el soberano, los Rumiñahuis pesan
Tierra venus, florecen tus sembríos bajo el pálido Inti
así como florece a caballo el avance del realista
¡Desgraciado!, Pobre Dios ardiente, tus hijos, impotentes sin ti
¡Baja del cielo! San Miguel Arcángel, que a lanza y espada los embista
En la efímera batalla de los Cápac por su Imperio,
por las rémoras supremacías de los reyes
en Quito y Cuzco se anuncia a trompeta el vocerío
Que sus hijos son esclavos de Colon y sus leyes
de sangre maya y quichua en tu rostro impregnado el valor
del profano del sur, brillo cruel, del gran Inca moriste
cacicazgo, en lo bajo del Pomasqui se escuchó tu clamor
!Fuertes Zambizas!, la llegada del chapetón acecha en los albores
mas no te importa, la opresión del inca derivo en tu traición
y por Benalcazares y Almagros cediste, del Tahuantinsuyo y tus dolores
por flechas más que por balas, y la perfidia hiriente al corazón
Patronato inmaculado, el general del ejército divino te cuida
en el tremor del juicio terrenal donde indios y mestizos rezan
lamentable y vidrioso, el Almirante de las Américas por conocerte da la vida
atónito en su mirada, oro y plata para el soberano, los Rumiñahuis pesan
Tierra venus, florecen tus sembríos bajo el pálido Inti
así como florece a caballo el avance del realista
¡Desgraciado!, Pobre Dios ardiente, tus hijos, impotentes sin ti
¡Baja del cielo! San Miguel Arcángel, que a lanza y espada los embista
En la efímera batalla de los Cápac por su Imperio,
por las rémoras supremacías de los reyes
en Quito y Cuzco se anuncia a trompeta el vocerío
Que sus hijos son esclavos de Colon y sus leyes
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