¡Abrázame, por Dios, que tengo frío!
y abrígame al calor de tu ternura,
devuélveme el azul de aquella infancia
sentada en las rodillas de la luna.
Noche oscura, si al alba te amaneces,
deja al menos un rastro de mi musa
que cubra verso a verso
mi soledad desnuda.
No cierres la ventana,
ya no habrá mas penumbra,
ni más horas perdidas;
mi amor se ha redimido con la angustia
que le dejó tu ausencia
y el infierno dantesco de la duda.
Hay una luz que brilla
por las grietas que dejan mis roturas.
¡Abrázame por Dios que tengo frío!
y abrígame al calor de tu ternura.
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