P
Paloma Martin
Invitado
Hay días en que el aire
se vuelve de cristal
y ves como se quiebra
en mil pedazos,
ante tus pies.
Te hieren con punzadas al costado,
las puntas afiladas
de los fragmentos cortantes
que se clavan justo,
en la parte más blanda
de tus sentimientos.
Allí donde se mece tu sentir
entre mullidas esperanzas.
Allí donde apoyas la cabeza
que se humedece de lágrimas
cuando el dolor te estremece,
Se vuelve la almohada
un puñado de plumas
donde el dolor anida
tal si fuera un ave herida.
En cambio hay días
que el aire es el mar,
que te cubre lentamnte
y te sumerges sin miedo.
Vas donde te lleva
y llegas confiada
hasta donde se unen,
el mar y el horizonte
en un abrazo azul,
que te envuelve a ti
y cae a tus pies
como un tul,
como una venda
en los ojos
que te impedía
ver la luz.
Esos son los días
en que simplemente
eres feliz...
se vuelve de cristal
y ves como se quiebra
en mil pedazos,
ante tus pies.
Te hieren con punzadas al costado,
las puntas afiladas
de los fragmentos cortantes
que se clavan justo,
en la parte más blanda
de tus sentimientos.
Allí donde se mece tu sentir
entre mullidas esperanzas.
Allí donde apoyas la cabeza
que se humedece de lágrimas
cuando el dolor te estremece,
Se vuelve la almohada
un puñado de plumas
donde el dolor anida
tal si fuera un ave herida.
En cambio hay días
que el aire es el mar,
que te cubre lentamnte
y te sumerges sin miedo.
Vas donde te lleva
y llegas confiada
hasta donde se unen,
el mar y el horizonte
en un abrazo azul,
que te envuelve a ti
y cae a tus pies
como un tul,
como una venda
en los ojos
que te impedía
ver la luz.
Esos son los días
en que simplemente
eres feliz...
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