Birbiloke
Poeta adicto al portal
Abré acribillado el centauro de oro,
la insolencia de la virtud,
pues no abrá quién me someta
...sin amarme.
Pues yo, sí, ¡yo!,
no tengo alma donde regocijarme,
en la plenitud de su belleza,
me adhiere, me calma, me embelesa.
¡Sí !...dejarme ir,
pues no cumplo su promesa,
en la balanza del odio y del amor.
Y no vendrá el almez a anidar
las puertas de mi casa,
ni su garbanzo florecido,
prender en mi balcón.
Pues soy inhiesta,
de semilla seca
en su resplandor pinchoso,
avergonzado de sangrarte
y ver el sudor del alcohol y otras sustancias
en la caricia de tu rostro y mi alma enajenada.
Y me dices, el centauro a muerto,
vivan los dioses creados en nuestra imaginación.
Pues el reverso de la moneda,
era su muerte,
entre cerrojos y miedos paranoicos
y un abrir de ojos
soslayado en la soledad inhumana
vertiendo sus cenizas en un desierto
libre y en silencio de la noche.
Dime amor cuanto me odias
tantas estrellas en el firmamento
es mi deseo.
Solo te digo, no digas nada.
la insolencia de la virtud,
pues no abrá quién me someta
...sin amarme.
Pues yo, sí, ¡yo!,
no tengo alma donde regocijarme,
en la plenitud de su belleza,
me adhiere, me calma, me embelesa.
¡Sí !...dejarme ir,
pues no cumplo su promesa,
en la balanza del odio y del amor.
Y no vendrá el almez a anidar
las puertas de mi casa,
ni su garbanzo florecido,
prender en mi balcón.
Pues soy inhiesta,
de semilla seca
en su resplandor pinchoso,
avergonzado de sangrarte
y ver el sudor del alcohol y otras sustancias
en la caricia de tu rostro y mi alma enajenada.
Y me dices, el centauro a muerto,
vivan los dioses creados en nuestra imaginación.
Pues el reverso de la moneda,
era su muerte,
entre cerrojos y miedos paranoicos
y un abrir de ojos
soslayado en la soledad inhumana
vertiendo sus cenizas en un desierto
libre y en silencio de la noche.
Dime amor cuanto me odias
tantas estrellas en el firmamento
es mi deseo.
Solo te digo, no digas nada.