Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Abriendo pechos
Se abre mi pecho hasta llegar a romperse, y descubro el deshecho que es mi alma rupestre. Consigo vivir a mi modo y voy rodando en el mundo en cimientos alternos, tierras y lodos. Las fieras dominan su medio, y hay fieras humanas que hacen infiernos y crean los circos del alma domando la noble manada que vive tranquila su muerte, la vida aún no estudiada. Mi caos es escándalo, mi pena su ira; su fuerza es mi llanto, su muerte mi vida. Su vida es espanto al verme tranquilo de fama; su fama es ombligo, y su ombligo se llama Cautivo su mal verdadero, llevarse su dios a la cama, y ver como están renaciendo mentiras que el pecho sangraba. ¡Oh monte sin deseo! ¡Oh río sin redoma!, no sabréis nada de Orfeo, ni tampoco de coronas; pero sé que vuestro estilo no se pasa con la moda. De mi pecho sale el mundo y en mi pecho acaba el rostro, cuando lleno de respeto miro el suelo en que me postro. Y si un cielo fuera el reo lastimando el alma amiga, en mi pecho no lo veo, ni condeno su guarida, porque hay cielos que son buenos y otros cielos nos obligan.
Se abre mi pecho hasta llegar a romperse, y descubro el deshecho que es mi alma rupestre. Consigo vivir a mi modo y voy rodando en el mundo en cimientos alternos, tierras y lodos. Las fieras dominan su medio, y hay fieras humanas que hacen infiernos y crean los circos del alma domando la noble manada que vive tranquila su muerte, la vida aún no estudiada. Mi caos es escándalo, mi pena su ira; su fuerza es mi llanto, su muerte mi vida. Su vida es espanto al verme tranquilo de fama; su fama es ombligo, y su ombligo se llama Cautivo su mal verdadero, llevarse su dios a la cama, y ver como están renaciendo mentiras que el pecho sangraba. ¡Oh monte sin deseo! ¡Oh río sin redoma!, no sabréis nada de Orfeo, ni tampoco de coronas; pero sé que vuestro estilo no se pasa con la moda. De mi pecho sale el mundo y en mi pecho acaba el rostro, cuando lleno de respeto miro el suelo en que me postro. Y si un cielo fuera el reo lastimando el alma amiga, en mi pecho no lo veo, ni condeno su guarida, porque hay cielos que son buenos y otros cielos nos obligan.