Abstinencia

Dertodesking

Poeta recién llegado
Sudor frío, espasmos musculares.
Las paredes de mi habitación se han convertido
en un pasillo angosto
sin final.
Desde la ventana, el cielo se abre en dos;
el horizonte se derrite;
¡el Sol,
el Sol se cae!
Oscuridad...
Sonidos del Neolítico:
Crash... Uargh... Pom... Pom...
Crash, ¡Uargh! Pom, pom,
¡Crash! ¡UARGH! ¡Pom! ¡Pom!
¡CRASH! ¡UARGH! ¡POM! ¡POM!
Los hombres primitivos gritan,
los animales corren por la sabana africana...
¡Sonidos del presente!
Biiiip... Clic... Psssst... Psssst...
Biiiip, clic, psssst, psssst,
¡Biiiip! ¡Clic! ¡Psssst! ¡Psssst!
¡BIIIIP! ¡CLIC! PSSSST! ¡PSSSST!
las máquinas trabajan sin parar,
los teléfonos móviles pitan,
los coches se deslizan por carreteras
mal asfaltadas...
Todo está cada vez más alto.
Me tapo los oídos con las manos;
grito desesperadamente
hasta quedarme sin voz;
me escondo en la cavidad
de una manta cálida...
Pero las voces y los sonidos
se convierten
en ruido blanco.
De repente, silencio.
Una multitud narcotizada bajo las
cenizas de un Sol sin vida.
«¡Despierta, despierta!».
Rayos de luz sobre el cielo grisáceo.
«¡Despierta, despierta!».
La cara de mi madre y padre, consternados.

«¡DESPIERTA, DESPIERTA!».



































 
Última edición:
Sudor frío, espasmos musculares.
Las paredes de mi habitación se han convertido
en un pasillo angosto.
Desde la ventana, el cielo se abre en dos;
el horizonte se derrite;
¡el Sol,
el Sol se cae!
Oscuridad...
Escucho sonidos del Neolítico:
hombres primitivos gritando, animales
corriendo por la sabana africana...
¡Sonidos del presente!
Mi familia, mis amigos,
coches deslizándose por carreteras...
No logro entender una sola palabra.
Todo está cada vez más alto.
Me tapo los oídos con las manos;
grito desesperadamente
hasta quedarme sin voz;
me escondo en la cavidad
de una manta cálida...
Pero las voces y los sonidos
se convierten
en ruido blanco.
De repente, silencio.
La imagen de un sol narcotizado bajo las
cenizas de un mundo sin vida.
«¡Despierta, despierta!».
Rayos de luz sobre un cielo grisáceo.
«¡Despierta, despierta!».
La cara de mi madre y padre, consternados.

«¡DESPIERTA, DESPIERTA!».

Estoy acurrucado en mi cama, en posición fetal;
comienzo a llorar descontroladamente.
«Ya pasó, ya pasó...».
Les abrazo, pero sé que mienten.
Sé que este es el primer día de muchos otros.
Sé que cuando se acaben las alucinaciones,
vendrán el aburrimiento y
la soledad,
la depresión,
la ideación suicida...
Trato de calmarme.
Pido a mis padres que me dejen solo
y comienzo a comer la sopa que me dieron
antes de que todo esto empezara.






























Buen poema. Denso. De difícil digestión. Un gusto leerte.
 

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