Ermenegildo Tiraboschi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un niño con un ataúd sobre sus hombros
y otro hediendo, detrás de sus talones.
Un avión con turbinas repletas de guadañas, a 10.000 metros.
Un perro lamiendo el hueso amarillo de su pata necrótica.
Otro año repitiendo esta órbita de muerte,
que no consigue despegársenos.
Un rey que permanece de incógnito bajo un puente,
calentándose las manos al fuego de una lata de aceite.
Un asesino serial llorando un cachetazo circense.
La compañía sin precio -que no doy-, que ella siente al fantasear
en su soledad de asfaltos cancerosos.
Una vuelta de hoja veloz, para evitar otra lágrima más sobre el papel.
Un perfume chic que atrae a un insecto jamás visto.
Un juzgado que dispensa horrores con una maza de madera.
Una nube que engorda los pulmones con sus voltios de fuego.
Y otra explicación sesuda para justificar
la coyuntura geopolítica de esa nube, 978 metros cúbicos
(a presión atmosférica y temperatura ambiente)
de gas mostaza.
y otro hediendo, detrás de sus talones.
Un avión con turbinas repletas de guadañas, a 10.000 metros.
Un perro lamiendo el hueso amarillo de su pata necrótica.
Otro año repitiendo esta órbita de muerte,
que no consigue despegársenos.
Un rey que permanece de incógnito bajo un puente,
calentándose las manos al fuego de una lata de aceite.
Un asesino serial llorando un cachetazo circense.
La compañía sin precio -que no doy-, que ella siente al fantasear
en su soledad de asfaltos cancerosos.
Una vuelta de hoja veloz, para evitar otra lágrima más sobre el papel.
Un perfume chic que atrae a un insecto jamás visto.
Un juzgado que dispensa horrores con una maza de madera.
Una nube que engorda los pulmones con sus voltios de fuego.
Y otra explicación sesuda para justificar
la coyuntura geopolítica de esa nube, 978 metros cúbicos
(a presión atmosférica y temperatura ambiente)
de gas mostaza.
Última edición: