P
Paloma Martin
Invitado
 
 
Guardas tus alhajas:
aretes y distintos collares
en antiguas cajas
de extintos chocolates.
Son fantasía pura,
como aquella secreta locura
de ser acróbata en un circo
que en tu corazón, aún late.
Conservas también,
piedras y caracoles
cuyos recuerdos entibian
tu cuarto, de otros soles.
Como aquel sol que iluminó
los verdes ojos de José
desde el día que lo conociste
y hasta que se fue.
Me pregunto si lo amaste
más, esa primera vez,
cuando danzaba como los dioses
o ya en la vejez,
en su lecho de adioses.
Paloma Martin.
 
 
 
 
 
 
Guardas tus alhajas:
aretes y distintos collares
en antiguas cajas
de extintos chocolates.
Son fantasía pura,
como aquella secreta locura
de ser acróbata en un circo
que en tu corazón, aún late.
Conservas también,
piedras y caracoles
cuyos recuerdos entibian
tu cuarto, de otros soles.
Como aquel sol que iluminó
los verdes ojos de José
desde el día que lo conociste
y hasta que se fue.
Me pregunto si lo amaste
más, esa primera vez,
cuando danzaba como los dioses
o ya en la vejez,
en su lecho de adioses.
Paloma Martin.