Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Aún recuerdo tus hábitos,
tus manías, tus rasgos... Secretos.
Algún pasadizo que se abre y me acerca a tu vigilia.
Una sombra que alberga estrellas.
Cómo hacer que las señales se conviertan en charcos o huellas.
Cuando vuela a ras,
cuando es salvaje el sentimiento de rechazo,
cuando se limitan los destellos
llegados desde el olvido.
Ah, qué amor este séquito
de palomas dormidas,
asustadizo y sin alas.
Siempre pierdo de vista la voz de lo perdido.
Me repito, entro en bucle,
por una maraña de versos.
Y tu cuerpo se dibuja, con una sola mano.
Tocarte, es como...
Resucitar la luz...
Asesinar el hielo...
Salir de mi garganta...
Sin frío ni calor...
Sé...
Cómo acaba esta idolatría:
Con falta de conciencia...
Y con brillo en los labios...
La he vivido más de un millón de veces...
No me matas.
No puedes...
Esconder, mortalizar mi poesía...
No puedes...
Cerrarme los ojos...
Te recorrí...
Y al menor indicio de tu presencia...
Genero automáticamente suspense.
tus manías, tus rasgos... Secretos.
Algún pasadizo que se abre y me acerca a tu vigilia.
Una sombra que alberga estrellas.
Cómo hacer que las señales se conviertan en charcos o huellas.
Cuando vuela a ras,
cuando es salvaje el sentimiento de rechazo,
cuando se limitan los destellos
llegados desde el olvido.
Ah, qué amor este séquito
de palomas dormidas,
asustadizo y sin alas.
Siempre pierdo de vista la voz de lo perdido.
Me repito, entro en bucle,
por una maraña de versos.
Y tu cuerpo se dibuja, con una sola mano.
Tocarte, es como...
Resucitar la luz...
Asesinar el hielo...
Salir de mi garganta...
Sin frío ni calor...
Sé...
Cómo acaba esta idolatría:
Con falta de conciencia...
Y con brillo en los labios...
La he vivido más de un millón de veces...
No me matas.
No puedes...
Esconder, mortalizar mi poesía...
No puedes...
Cerrarme los ojos...
Te recorrí...
Y al menor indicio de tu presencia...
Genero automáticamente suspense.