marquelo
Negrito villero
De pronto
las melodías vaciaron el silencio y la hicieron andar
De pronto
llegamos arrebujados
dando golpes a las campanas
y estiramos a las sombras hasta
que declarasen ser luz para darles libertad
Soñamos dentro del pan
para guarecernos de las fuentes abiertas
y el vino escancia todos los pulmones arrugados y amarillos.
Qué bueno fue dejar la cueva de los peces
y los himnos a los pies de la muerte
Tómate un trago cuando crepite en el aire el amarillo
deja esa herida naranja fresca junto a tus cabellos de identidad y baila como las acacias cuando copulan con lo blanco
El mundo físico todavía está aquí
hace sombra directa sobre los ojos aguados de algún intérprete de ramas
y también suspira como los sueños que se cansan de soñar con la misma mujer sobre las velas y los atardeceres
Aquí está también el Sur con sus encajes y su diabólico llamado de notas flamencas sobre las rocas
arden como un juramento
en las manos
que no quieren contar sus despedidas
porque tienen una forma de mujer a plazos
y denada sirven el informe vital de tus arterias
ni el futuro del escultor sin su piedra.
Las acacias ahora se entregan por las rendijas de los ojos
y unas cuerdas encima de la madera me liberan...
las melodías vaciaron el silencio y la hicieron andar
De pronto
llegamos arrebujados
dando golpes a las campanas
y estiramos a las sombras hasta
que declarasen ser luz para darles libertad
Soñamos dentro del pan
para guarecernos de las fuentes abiertas
y el vino escancia todos los pulmones arrugados y amarillos.
Qué bueno fue dejar la cueva de los peces
y los himnos a los pies de la muerte
Tómate un trago cuando crepite en el aire el amarillo
deja esa herida naranja fresca junto a tus cabellos de identidad y baila como las acacias cuando copulan con lo blanco
El mundo físico todavía está aquí
hace sombra directa sobre los ojos aguados de algún intérprete de ramas
y también suspira como los sueños que se cansan de soñar con la misma mujer sobre las velas y los atardeceres
Aquí está también el Sur con sus encajes y su diabólico llamado de notas flamencas sobre las rocas
arden como un juramento
en las manos
que no quieren contar sus despedidas
porque tienen una forma de mujer a plazos
y denada sirven el informe vital de tus arterias
ni el futuro del escultor sin su piedra.
Las acacias ahora se entregan por las rendijas de los ojos
y unas cuerdas encima de la madera me liberan...