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viento-azul

Poeta que considera el portal su segunda casa
No es la vid, ni la tierra,
ni tan siquiera el vino,
tampoco la semilla de uva
que se hizo racimo de lunas
orondas y violáceas.

A mí, lo que me lacera,
es el vómito en el inodoro,
el terrible dolor de cabeza,
y sobre todo tú muerte
sembrándote en la carretera.

La sangre oscura,
(casi labios negros)
constelados de cristales
y amasijos en río congelado
justo en su fiereza.

Lo que me quema los ojos
son los ojos cerrados,
los cielos abiertos 24 horas,
la rabia sin opción a vengarse,
el rostro estúpido de una muerte
cercana, cercenando alientos,
como quien siega la espiga,
filigranas de oro,
que son los días robados.

Mañana habrá unas flores
en la orilla de este dolor.
Y es que el camino acaba
donde andan los difuntos,
donde las venas se duermen
soñando cumplir futuros.
 
No es la vid, ni la tierra,
ni tan siquiera el vino,
tampoco la semilla de uva
que se hizo racimo de lunas
orondas y violáceas.

A mí, lo que me lacera,
es el vómito en el inodoro,
el terrible dolor de cabeza,
y sobre todo tú muerte
sembrándote en la carretera.

La sangre oscura,
(casi labios negros)
constelados de cristales
y amasijos en río congelado
justo en su fiereza.

Lo que me quema los ojos
son los ojos cerrados,
los cielos abiertos 24 horas,
la rabia sin opción a vengarse,
el rostro estúpido de una muerte
cercana, cercenando alientos,
como quien siega la espiga,
filigranas de oro,
que son los días robados.

Mañana habrá unas flores
en la orilla de este dolor.
Y es que el camino acaba
donde andan los difuntos,
donde las venas se duermen
soñando cumplir futuros.


Mucha fuerza y sentimientos
en tus versos
saluditos
 
No es la vid, ni la tierra,
ni tan siquiera el vino,
tampoco la semilla de uva
que se hizo racimo de lunas
orondas y violáceas.

A mí, lo que me lacera,
es el vómito en el inodoro,
el terrible dolor de cabeza,
y sobre todo tú muerte
sembrándote en la carretera.

La sangre oscura,
(casi labios negros)
constelados de cristales
y amasijos en río congelado
justo en su fiereza.

Lo que me quema los ojos
son los ojos cerrados,
los cielos abiertos 24 horas,
la rabia sin opción a vengarse,
el rostro estúpido de una muerte
cercana, cercenando alientos,
como quien siega la espiga,
filigranas de oro,
que son los días robados.

Mañana habrá unas flores
en la orilla de este dolor.
Y es que el camino acaba
donde andan los difuntos,
donde las venas se duermen
soñando cumplir futuros.



Se ven las flores en los márgenes de las carreteras y se aminora la velocidad, yo al menos, le hago más caso que a los límites, subirse al coche la verdad es jugar a la ruleta de la muerte.

y los futuros se quedan en sueños y los pasados en dolor

un beso mi querido viento...
 
Se ven las flores en los márgenes de las carreteras y se aminora la velocidad, yo al menos, le hago más caso que a los límites, subirse al coche la verdad es jugar a la ruleta de la muerte.

y los futuros se quedan en sueños y los pasados en dolor

un beso mi querido viento...

Gracias, Sara, ciertamente
es más fácil ignorar la muerte
durante el asfalto que nos lleva a ella.
Pero cuando es literalmente una carretera,
y piensas en la tragedia para las familias
que quedaron amputadas, duele.

Un besote, Sara estimada.
 
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