La noche está cerrada
y el silencio es casi absoluto.
Las hojas de tu libro
un poco inquieto
me hacen percibir la calma
que me atrapa
como si me encadenara
en su cárcel callada.
La luz de la lámpara alumbra intensa
tus manos
y tu cara en la sombra encerrada
se dedica a seguir todas las líneas
como si fuera un ritual
que noche tras noche
formularas,
de comunicación continua,
de tu presencia hacia mí,
de tu acercamiento,
que comparto mano a mano
con tus libros,
de tu silencio
que me guardo dentro
como ofrenda
a una diosa amada.
Yo que necesitaba
el bregar dulce de las noches
y acunarme con largas charlas,
he ido cambiándolo por silencios
apenas cortados
por caricias tenues como la brisa,
o por miradas que te robo
con las vida de mucho tiempo adivinada,
y te sigo o me sigues
en multitud de silencios
que pautan nuestras noches
como la de una playa solitaria,
con la vida intensa en su vientre
de agua y arena amasada,
salpicadas de pequeñas coquinas
que agujerean la playa.
y el silencio es casi absoluto.
Las hojas de tu libro
un poco inquieto
me hacen percibir la calma
que me atrapa
como si me encadenara
en su cárcel callada.
La luz de la lámpara alumbra intensa
tus manos
y tu cara en la sombra encerrada
se dedica a seguir todas las líneas
como si fuera un ritual
que noche tras noche
formularas,
de comunicación continua,
de tu presencia hacia mí,
de tu acercamiento,
que comparto mano a mano
con tus libros,
de tu silencio
que me guardo dentro
como ofrenda
a una diosa amada.
Yo que necesitaba
el bregar dulce de las noches
y acunarme con largas charlas,
he ido cambiándolo por silencios
apenas cortados
por caricias tenues como la brisa,
o por miradas que te robo
con las vida de mucho tiempo adivinada,
y te sigo o me sigues
en multitud de silencios
que pautan nuestras noches
como la de una playa solitaria,
con la vida intensa en su vientre
de agua y arena amasada,
salpicadas de pequeñas coquinas
que agujerean la playa.