Pálpito de luna, flor de nieve
Anidan en lo alto de tu pecho.
Bostezo de tristeza, sol que mueve
Las sábanas ardientes de tu lecho.
Olvida ya esa pena que no tiene sentido, ni lugar, ¡ya! ni protesta.
Mira al negro azabache, será respuesta
Álgida en el punto que más tiembla,
¿Recuerdas alegrías como ésta,
Que semillas de quereles en ti siembra?
Empuña la daga que te mata,
Zafando te
de ese dolor que ella desata.
Luz de día alumbrándote el camino.
Une a mí de su boca ella te dijo,
Incrusta aquí, en lo hondo de mi piel el crucifijo.
Sabiendo que tu agua, mueve siempre mi molino.