marquelo
Negrito villero
Contar descalzo cada bombeo inflado de la tráquea cuando el corazón atisba por encima de las arterias al depositario de tu nombre bajo el sol.
Ser el animal que comparte su sombra para refrescar lo que queda de tu aliento cuando las rosas terminan de desnudarse en tus fosas nasales y el viento invita a las aves caer para alimentarse en tu regazo.
¡ Quien vive del amor quedará petrificado a tu altura como un tótem ancestral recordado por los libros de historia y de algunas fotografías de turistas enamorados que, admirados , señalaran tus labios hinchados de tanto beso al viento.
Vivir bajo las olas es tener los cabellos largos para que tus manos siempre tengan la posibilidad de empujar tu cuerpo y descansar en mi salada frente.
No descansaré de construir camas para sobrevivirme en cada lluvia que toca a tu puerta con la única señal encendida en mi boca como un hechizo en cada panza de roca.
Luego tu cuerpo se estira entre dos árboles para detener la llegada extenuada de la luz y de la voz arenosa que perdio su eco en las montañas.
Y llegarás algún día sobre el lomo de algún viento o tortuga que no quiere llegar nunca a los abismos de la vejez por eso mide cada elemento en el aire y se pregunta si el hueco es guarida o accidente
hasta que tu sien metálica azote cada piel de la tristeza.
Ser el animal que comparte su sombra para refrescar lo que queda de tu aliento cuando las rosas terminan de desnudarse en tus fosas nasales y el viento invita a las aves caer para alimentarse en tu regazo.
¡ Quien vive del amor quedará petrificado a tu altura como un tótem ancestral recordado por los libros de historia y de algunas fotografías de turistas enamorados que, admirados , señalaran tus labios hinchados de tanto beso al viento.
Vivir bajo las olas es tener los cabellos largos para que tus manos siempre tengan la posibilidad de empujar tu cuerpo y descansar en mi salada frente.
No descansaré de construir camas para sobrevivirme en cada lluvia que toca a tu puerta con la única señal encendida en mi boca como un hechizo en cada panza de roca.
Luego tu cuerpo se estira entre dos árboles para detener la llegada extenuada de la luz y de la voz arenosa que perdio su eco en las montañas.
Y llegarás algún día sobre el lomo de algún viento o tortuga que no quiere llegar nunca a los abismos de la vejez por eso mide cada elemento en el aire y se pregunta si el hueco es guarida o accidente
hasta que tu sien metálica azote cada piel de la tristeza.