Dialmar
Poeta asiduo al portal
Consumiendo amaneceres incompletos,
recibo plácida tu aroma,
que está en el aire.
Tu voz en el silencio de la madrugada,
me recuerda días de luz sin sueño
y noches despiertas de luna clara.
Recito tu imagen de sonrisa fresca
Y mirada serena en ocasos extintos.
Tus ardores más fuertes que una hoguera
Me hierven la sangre.
Y en este eterno desierto estepal,
ansiándote de muerte,
reviso en mis venas, si están completas
y la duda de mantenerlas perfectas
perfora mi razón trastocada y rota.
Tu voz se distorsiona en el recuerdo
de días nocheados tras tu ausencia
y yo muero,
de muerte agónica.
El delirio asfixiante pide a gritos
un poco de aire.
Y en él, tu aroma, penetrante.
Sin ti la vida se cumple a topes,
Por ti los golpes se hacen suaves.
En mi estás como la muerte,
Siempre presente.
Retomo el aliento, reconfortante.
Tu recuerdo caudaloso fluye sin parar,
y mi corazón salvaguarda, saca su As.
Si eternas noches de agobio me invitan
a permanecer contigo,
en mis descontrolados recuerdos,
¡que vengan entonces los desvaríos!
Y que mi alma agonice,
lentamente
Pero a tu lado,
siempre.
recibo plácida tu aroma,
que está en el aire.
Tu voz en el silencio de la madrugada,
me recuerda días de luz sin sueño
y noches despiertas de luna clara.
Recito tu imagen de sonrisa fresca
Y mirada serena en ocasos extintos.
Tus ardores más fuertes que una hoguera
Me hierven la sangre.
Y en este eterno desierto estepal,
ansiándote de muerte,
reviso en mis venas, si están completas
y la duda de mantenerlas perfectas
perfora mi razón trastocada y rota.
Tu voz se distorsiona en el recuerdo
de días nocheados tras tu ausencia
y yo muero,
de muerte agónica.
El delirio asfixiante pide a gritos
un poco de aire.
Y en él, tu aroma, penetrante.
Sin ti la vida se cumple a topes,
Por ti los golpes se hacen suaves.
En mi estás como la muerte,
Siempre presente.
Retomo el aliento, reconfortante.
Tu recuerdo caudaloso fluye sin parar,
y mi corazón salvaguarda, saca su As.
Si eternas noches de agobio me invitan
a permanecer contigo,
en mis descontrolados recuerdos,
¡que vengan entonces los desvaríos!
Y que mi alma agonice,
lentamente
Pero a tu lado,
siempre.